Fariba Ehsan huyó de Irán hace más de treinta años. Su historia ejemplifica la dureza con que las leyes de ese país tratan a las mujeres. Tras su divorcio, su vida se convirtió en un infierno. En Irán ser mujer, joven y divorciada es un estigma que acompaña a cada paso de la existencia. Desesperada, hubo de elegir entre quedarse en Irán con su hija, sufriendo una discriminación atroz, o marcharse del país sin ella –la custodia corresponde allí a los hombres- para luchar, desde España, por recuperarla. Eligió lo segundo.