Hay imágenes que explican una época mejor que cualquier discurso. La que circuló ayer desde el Despacho Oval es una de ellas: Donald Trump sentado en su mesa, rodeado de pastores evangélicos que le imponen las manos y rezan por él y por el destino de Estados Unidos. Una escena solemne, que pretende transmitir liderazgo espiritual, misión y protección divina, que llega después de varios días de ataques militares contra Irán y en medio de una escalada que vuelve a tensar Oriente Próximo. Un presidente rodeado de líderes religiosos pidiendo a Dios la fuerza necesaria para continuar una confrontación militar.