Todos los conflictos bélicos, y más los que tienen un vector económico en el origen -que son la gran mayoría-, acarrean turbulencias en los bolsillos. Las bolsas mundiales se han vuelto locas esta semana tras el ataque de EEUU e Israel sobre Irán, y con la respuesta posterior iraní. El precio del gas se ha disparado, y ya se hacen cálculos sobre cuánto se resentirá la riqueza de todos los países si la guerra se alarga. Pero donde la mayoría de analistas ponen el foco en las intervenciones militares recientes, tanto la de Venezuela como la de Irán, es en el control de los flujos de petróleo, y en ese ámbito los conflictos de las últimas décadas pueden dar pistas de la evolución de la situación.