Rosario, cuidadora migrante en España: "Trabajé cuatro años de lunes a lunes por miedo a ser deportada. Es un trabajo duro y se sufre mucho por la soledad"

Son las voces de las mujeres que cuidan de nuestras familias. Mujeres como Rosario, que llegó de Bolivia hace 20 años; Gloria, de Honduras; o Florika, de Rumanía. Sus relatos, valientes y directos, componen el retrato de un sector, el de las trabajadoras del hogar, a menudo invisible y marcado por el sacrificio personal y la precariedad laboral, especialmente para las que trabajan como internas. Uno de los peores recuerdos para estas mujeres son los primeros años en España, cuando la falta de documentación las sumía en una situación de vulnerabilidad extrema. Rosario recuerda con amargura aquella etapa. "Tengo un mal recuerdo, porque no podíamos salir a la calle, porque de donde te cogían te deportaban", explica. Este miedo la llevó a trabajar cuatro años de lunes a lunes sin descanso en una casa de Alcobendas. Gloria también rememora la dificultad de sus inicios, aunque tuvo la suerte de encontrar una familia que le tramitó su primer permiso de trabajo a los tres años. Sin embargo, su primer empleo como interna también fue abusivo, sin poder salir los fines de semana. "Tú sabes bien que cuando uno viene de su país coge lo que sale primero, y por deber de no estar sin trabajo, pues uno se apaña con lo que hay", confiesa. El desgaste es otra de las constantes en sus vidas. Gloria tuvo que dejar su último empleo por un problema en la rodilla que se agravó al tener que levantar a la señora de 70 kilos que cuidaba, ya en silla de ruedas. "No me podía dar de baja", lamenta, a pesar de tener la nacionalidad española. El trabajo físico pasa factura, pero es la soledad el peaje más alto para muchas, como afirma Rosario. El lado más cruel de la deshumanización lo vivió Florika. Rota por el dolor, explica cómo una familia para la que trabajaba no le permitió viajar para asistir al entierro de su madre. "Eran cuatro niños y la señora debía irse de viaje, pero no me ha dejado ni decirle que quiero, ha dicho que no, y punto", recuerda entre lágrimas. Aquel episodio le hizo darse cuenta de que, a pesar del cariño y el respeto, "en un momento, cuando tienes una problemilla, no vales nada". Sol, que dirige una agencia de colocación, confirma que el del cuidado del hogar "es un sector que tiene bastante demanda", sobre todo para el cuidado de personas mayores. Destaca que las trabajadoras se forman para ofrecer el mejor servicio, con cursos de sociosanitario o auxiliar de enfermería. Sin embargo, Sol también señala un problema de base: "Las familias que emplean son tratadas como empresa, tienen que darse de alta como empleador y pagar su seguridad social, y sin embargo, no tienen ninguna ayuda con esos gastos". Una situación que, esperan, cambie en el futuro para regularizar y dignificar por completo un trabajo que cada vez será más esencial.