La presidenta de la Corte Suprema inauguró el año judicial reconociendo que los hechos de corrupción le causan vergüenza. En su alocución marcó el camino de cuál es su plan para los próximos dos años de gestión. En su horizonte está apretar a los tribunales para mejorar los tiempos de respuesta, preocuparse del ambiente entre los funcionarios, buscar un mecanismo para vigilar la ética de los abogados y, sobre todo, tener mano dura ante los hechos que se aparten de la ética y la probidad.