Semana Santa: por qué los cofrades se cubren el rostro y qué significan los colores de sus túnicas

La llegada de la Semana Santa transforma las calles de pueblos y ciudades con procesiones que llenan el espacio público de silencio, música y tradición. Uno de los elementos que más llama la atención es ver a los cofrades desfilar con el rostro cubierto, una costumbre cargada de simbolismo que distingue los días de celebración de los de recogimiento. Contrario a la creencia popular, el uso del capirote o tercerol no responde a un sentimiento de vergüenza. Carlos Lacadena, presidente de la Junta de Cofradías de Jaca, explica que esta práctica es un signo de recogimiento y humildad. "No es por vergüenza, es recogimiento y humildad", subraya, aclarando que el objetivo es apartar la identidad individual para representar la igualdad ante un momento trascendental. La decisión de cubrirse o no el rostro depende del día. En jornadas de alegría como el Domingo de Ramos o el Domingo de Resurrección, los cofrades desfilan con la cara destapada para manifestar la felicidad por la entrada de Jesús en Jerusalén y su posterior resurrección. En cambio, durante los días de Pasión, el rostro cubierto y el luto se imponen como señal de tristeza y respeto. El simbolismo se extiende a la vestimenta de los cofrades. Los colores de los hábitos no son casuales, sino que están íntimamente ligados a la escena que representa cada paso. Tonos como el blanco, el azul o el dorado se asocian a la alegría y la luz de la resurrección, mientras que el negro representa el luto y la tristeza por la muerte de Cristo. Otros colores también tienen su significado, como el rojo, que evoca el cáliz de la Última Cena, o el verde, que remite al huerto de los olivos. "Si miramos los pasos y las escenas, veremos que va todo en un conjunto", señala Lacadena, invitando a los espectadores a observar esta coherencia visual en las procesiones. Más allá de la vestimenta, las procesiones funcionan como un relato visual de la Pasión. Carlos Lacadena defiende que son una forma de enseñanza accesible para todos. "Las procesiones de Semana Santa no es ni más ni menos que una catequesis", afirma, explicando que los pasos ayudan a comprender la historia sagrada, de forma similar a como los juglares medievales usaban imágenes para narrar historias. Finalmente, se destaca la diferencia entre el capirote, el tradicional cono puntiagudo, y el tercerol, una prenda típica aragonesa más cómoda para los miembros de las bandas de música. Lacadena concluye con una invitación a la participación, recordando que las cofradías son grupos abiertos que acaban convirtiéndose en "una familia".