Nacen los jabalíes urbanitas: las ciudades se convierten en su nuevo hábitat natural

La imagen de jabalíes campando a sus anchas por los núcleos urbanos de municipios como Málaga o Mijas se ha vuelto recurrente en los últimos años. La explicación más extendida hasta ahora (la que daban los expertos a COPE MÁS Málaga) atribuía este fenómeno a la acuciante sequía, que agotaba los recursos de agua y comida en el monte, forzando a los animales a buscarlos en la ciudad. Sin embargo, las recientes lluvias han reverdecido el campo sin que los avistamientos disminuyan. La razón es más compleja y apunta a un cambio profundo y consolidado en el comportamiento de la especie. El profesor de Biología Animal de la Universidad de Málaga, Miguel Ángel Farfán, lleva más de un año analizando esta situación y ofrece una perspectiva reveladora. "La disponibilidad de agua y alimento no es el único factor que hace que los jabalíes hagan uso de los entornos urbanos", aclara. Existen otras variables que no solo explican su presencia continuada, sino que dibujan un escenario futuro en el que esta convivencia parece destinada a intensificarse si no se toman medidas estructurales. Nuevas generaciones de jabalíes ya han nacido y crecido en las ciudades, asumiendo el asfalto, los parques y los contenedores de basura como su ecosistema natural. Este fenómeno ha dado lugar a lo que ya se puede denominar como "jabalíes urbanitas", una realidad que transforma por completo el abordaje del problema. Uno de los motivos más determinantes de esta nueva realidad es que la ciudad se ha convertido en una maternidad para la especie. "Hay ya individuos que han nacido en entornos urbanos y para estos individuos, que desde el primer momento que nacen ya lo hacen en un entorno como son las ciudades, pues para ellos forma parte de su hábitat normal y natural", explica el profesor Farfán en COPE. Esta adaptación representa un salto cualitativo respecto a los primeros ejemplares que se aventuraban en territorio humano. Si antes eran los jabalíes "más atrevidos" los que exploraban las áreas urbanas en busca de alternativas a la escasez del monte, ahora estamos ante generaciones que no conocen otra realidad. Para ellos, la ciudad no es un territorio extraño o al que se ven forzados a ir, sino su hogar. Este cambio de comportamiento animal ya está consolidado, según el biólogo, lo que significa que la simple mejora de las condiciones en sus hábitats forestales originales ya no es suficiente para revertir la tendencia. Estos animales han aprendido a desenvolverse entre el tráfico y la presencia humana, identificando las zonas residenciales como una fuente de alimento predecible y constante, a menudo proveniente de la basura y, en ocasiones, de personas que los alimentan directamente, un error que agrava el problema. La consecuencia es un arraigo territorial que se transmite de madres a crías, creando líneas familiares completamente adaptadas a la vida urbana. Más allá de la existencia de estas nuevas generaciones urbanas, hay otro factor clave que empuja a los jabalíes del monte a las ciudades: la seguridad. La presión cinegética a la que se ven sometidos en las zonas rurales es intensa. En Andalucía, el jabalí es una especie que "se puede cazar durante todo el año", señala Farfán. Esta actividad constante hace que los animales busquen santuarios donde la caza está prohibida, y las áreas urbanas son el refugio perfecto. Por lo tanto, aunque el monte esté ahora verde y ofrezca recursos hídricos y alimenticios, las ciudades siguen presentando una ventaja comparativa fundamental para la supervivencia: la ausencia de cazadores. "En los entornos urbanos no se puede cazar y, por lo tanto, es donde estos animales están más seguros", resume el profesor. Esta circunstancia convierte a los municipios en una suerte de reserva natural involuntaria que favorece la permanencia y proliferación de los jabalíes. El fenómeno de los jabalíes urbanos es, en el fondo, un síntoma de un problema mucho mayor: la sobrepoblación de la especie. Este crecimiento demográfico "es generalizado, podemos decir, en España y en toda Europa", contextualiza el experto. En provincias como Málaga, la situación se agrava por la ausencia de depredadores naturales que controlen las poblaciones, dejando a la actividad cinegética como única herramienta de gestión. Ante este panorama, Farfán advierte que las administraciones no deben rendirse. "A corto plazo, el solventar el problema de la presencia de jabalíes en las ciudades no es factible, pero a medio y largo plazo no hay que renunciar a esa posibilidad", afirma con contundencia. Renunciar a ello implicaría aceptar la presencia constante de un animal salvaje de tamaño considerable en el día a día de los ciudadanos, con los riesgos que ello conlleva. Aunque hasta ahora las interacciones graves han sido pocas, el peligro es real. Ya se han producido accidentes de tráfico y, como recuerda el profesor, "en determinadas circunstancias, podría producir daños y lesiones a personas, y ya no solo a través de accidentes, sino directamente con encontronazos directos". La solución, insiste, no puede ser local, sino coordinada. Es inútil que un ayuntamiento actúe por su cuenta si los animales se mueven libremente entre municipios. "La clave está en la actuación conjunta de las distintas administraciones y con un objetivo común: intentar que al menos la población, si no decrece, que no siga creciendo a la tasa que lo hace actualmente", subraya Farfán. Esto requiere un programa conjunto entre ayuntamientos y la Junta de Andalucía para reducir la población general y, como consecuencia, su presencia en las ciudades. Finalmente, el profesor hace un llamamiento a la responsabilidad ciudadana, señalando los errores más comunes. El principal es acercarse e interactuar con ellos, y sobre todo, alimentarlos, ya que "eso no hace nada más que potenciar esa tasa de crecimiento". Es fundamental "no olvidar en ningún momento que son animales salvajes" y que las hembras con crías reaccionarán por instinto para defenderlas. La recomendación es clara: "Intentar interactuar con ellos lo menos posible" para evitar situaciones de riesgo. En un apunte final relacionado con las lluvias, Farfán también advierte sobre un posible aumento del riesgo de incendios en verano. El crecimiento de la vegetación herbácea, de combustión rápida, como consecuencia de las precipitaciones, podría convertirse en un polvorín cuando llegue el calor, un factor que las administraciones deberán tener en cuenta en sus planes de prevención.