Ali Seyed, iraní: "Los bombardeos de Estados Unidos no discriminan, están destruyendo hospitales, colegios e incluso la casa de mi hermana"

El conflicto en Irán vuelve a escalar y la situación sobre el terreno se vuelve cada vez más dramática para la población civil. Mientras las tensiones internacionales se intensifican y las negociaciones diplomáticas se rompen, los bombardeos continúan golpeando diferentes ciudades del país, incluida la capital, Teherán. En medio de la dificultad para obtener información directa desde el interior del país, algunas voces logran relatar lo que ocurre a pie de calle. Una de ellas es la de Ali Seyed Pakdaman, profesor de filología en la Universidad de Teherán, que describe en Fin de Semana de COPE, con Cristina López Schlichting, cómo vive la población los ataques y el impacto que están teniendo sobre los ciudadanos. Según explica Seyed, la situación cambia radicalmente hace apenas unos días, cuando se rompe un proceso de negociación que muchos ciudadanos veían como una posible salida al conflicto. “Mientras estábamos en medio de negociaciones de paz con Estados Unidos y teníamos entusiasmo de llegar a un acuerdo, de repente nos han atacado y desde entonces han empezado los bombardeos”, relata. Desde ese momento, asegura, los ataques no han cesado. El profesor describe una ofensiva constante que afecta tanto a infraestructuras como a zonas civiles. “Los bombardeos no discriminan. Están destruyendo hospitales, colegios e incluso la casa de mi hermana”, señala. Según explica, el ataque alcanzó la vivienda familiar cuando su hermana no se encontraba dentro. “Gracias a Dios no estaba en el momento del ataque”, añade. Para Seyed, la situación es “dramática y muy dolorosa” y la población espera que el conflicto termine lo antes posible. El profesor explica que los ataques no se limitan a un único punto del país. Según relata, los bombardeos afectan a diferentes ciudades y se producen tanto de día como de noche. “Nos están bombardeando día y noche”, afirma, al describir cómo la población vive con la incertidumbre permanente de no saber cuándo puede producirse el siguiente ataque. A pesar del peligro, muchas personas continúan saliendo a la calle para mantener cierta normalidad en su vida cotidiana. “Nosotros salimos porque tenemos que defender a nuestro país estando en la calle”, explica. En su relato también destaca la solidaridad entre ciudadanos. Muchas tiendas de alimentación y establecimientos sanitarios permanecen abiertos para atender a los heridos o a quienes necesitan ayuda. “Nuestros paisanos mantienen abiertas las tiendas de comida y de ayuda sanitaria para recibir a la gente herida y necesitada”, cuenta. Uno de los episodios más dramáticos que menciona Seyed tiene que ver con un ataque a un centro educativo. Según su relato, un bombardeo impacta en un colegio de niñas mientras las alumnas se encuentran en clase. “El primer día atacaron un colegio de chicas y mataron a más de 180 niñas mientras estaban estudiando”, explica. Horas después, asegura, otro ataque alcanza un gimnasio donde varios adolescentes practicaban deporte. “Dos horas después atacaron un gimnasio donde los jóvenes jugaban al baloncesto y murieron otros 20”, añade. Tras estos hechos, explica que todos los centros educativos permanecen cerrados en el país. “Los colegios están cerrados porque ya no es seguro”, afirma. A pesar del clima de tensión, Seyed asegura que la población intenta mantener cierta normalidad. Muchas oficinas continúan funcionando, aunque con personal reducido, para garantizar servicios básicos a los ciudaddanos. “Las oficinas trabajan con el mínimo personal para que no le falte nada a la gente”, explica. El profesor recuerda además que Irán ha vivido otros conflictos en el pasado, lo que ha generado una cierta capacidad de resistencia entre la población. “Hemos tenido una guerra de ocho años con Irak y otros conflictos recientes, pero nunca sabemos cuándo nos puede tocar”, comenta. El testimonio de Seyed refleja la incertidumbre que viven miles de familias iraníes en estos momentos. A pesar de las dificultades, asegura que la población mantiene la esperanza de que la situación cambie pronto. “Esperamos que todo esto termine lo antes posible porque no se puede aguantar esta situación”, afirma. Su relato muestra el impacto humano del conflicto y cómo, más allá de las decisiones políticas o militares, son los ciudadanos quienes sufren las consecuencias directas de la guerra.