No hay pendejo que no sea terco

Don Chinguetas es un marido que no se resigna a serlo. Hace unos días llegó al domicilio conyugal del bracete de una estupenda morenaza de ojos verdes, cabellera bruna y sinuoso cuerpo de odalisca o hurí. El tarambana le dijo a su mujer: “Esta muchacha vivirá con nosotros. Me dijiste que ibas a embellecer nuestro hogar, y quiero aportar mi granito de arena”... Conocemos a Capronio: es un sujeto ruin y desconsiderado. En una miscelánea compró un mapamundi escolar de 5 pesos. Le explicó al tendero: “Es un regalo para mi esposa. Siempre me ha dicho que quiere conocer el mundo”... Soy muy dado a sorprenderme. De niño me sorprendía hasta con el vuelo de la mosca. Ahora sé que mi asombro era fundado: si se le aplicaran los principios básicos de la aeronáutica la mosca no podría volar. Ayer me sorprendió la fecha. Era día de Santa Coleta, cuya especialidad en cosa de milagros consistía en resucitar momentáneamente a los niños que nacían muertos a fin de que pudieran ser bautizados, y así ir al Cielo en vez de quedar confinados per in aeternum en el limbo. Por los años 90 del pasado siglo me asombraba ver cómo en las fiestas de bodas la orquesta rompía a tocar “La Macarena”, y todos los asistentes se ponían en pie como impulsados por un resorte; formaban ordenadas filas y bailaban con pasos y movimientos acordados, como una danza tribal o una decimonónica cuadrilla. Lo curioso es que esa música que dio la vuelta al mundo no la compuso alguna banda de mozalbetes greñudos y barbones, sino un dueto español, “Los del Río”, integrado por dos señores –de ahí lo de dueto– que más que artistas parecían gerentes de banco o agentes de seguros. Actuaban con traje y corbata, y no tenían los arrebatos coreográficos de sus congéneres jóvenes. “La Macarena” no es para cantarla, sino para bailarla, y no alude a la Virgen de esa advocación, que es la de la Esperanza, sino a una chicuela desenfadada y algo ligera de cascos . Resulta que ahora “Los del Río” están encabronados con Trump porque el amarilloso presidente yanqui utilizó la música de su canción en un video sobre los bombardeos de Estados Unidos a Irán . El autor de la popular pieza dijo que la escribió para alegrar al mundo, no para ser usada como fondo musical mientras se mata al mundo. Un apotegma popular afirma que no hay pendejo que no sea terco . Trump declaró ayer que no habrá diálogo con los iraníes, y que los bombardeos seguirán hasta que Irán se rinda incondicionalmente. Lejos de mí la temeraria idea de alegar algo en defensa del execrable régimen teocrático que priva en ese país. Los más tiránicos y crueles gobernantes son los que dicen gobernar en nombre de Dios. Invocando a ese santo Señor se han cometido algunos de los mayores crímenes en la historia de la humanidad. Aun así dudo de las intenciones del ocupante de la Casa Blanca. Dice hacer la guerra en nombre de la democracia, cuando en verdad tiene puesta la mira en los barriles de petróleo. Su bélica embestida tiene a una veintena de naciones al filo de la navaja, entre otras cosas por la importancia estratégica del Golfo de Ormuz, palabra esta última que no hace ya pensar en perlas preciosas ni en preciosistas versos de Darío, sino en buques de guerra, submarinos y aviones de combate. En fin, así anda el mundo y ni modo, como decía el señor cura García Siller cuando en Saltillo había un robo domiciliario... Dulcibel, hermosa chica, se iba a casar con Picio, hombre más feo que Jack Elam o Ron Perlman, artistas poco agraciados de Hollywood. Explicó: “Tiene algo muy grande que me gusta mucho”. Ante el sobresalto de quienes la escuchaban completó: “Su cuenta bancaria”... FIN.