Ayer viernes mis compañeros de cañas, o cañamaradas, me condenaron sin apelación al ostracismo durante este fin de semana por sabotear un debate que yo mismo había planteado: “¿Pueden los alevines de padres veganos comer plastilina durante su edad escolar sin merecer un severo correctivo por incumplir su dieta?” . Y ahora me encuentro coqueteando con el desespero.