Mendoza se encuentra en una encrucijada. O seguimos aceptando las "tres empanadas" de una gestión provincial que se resigna a ser un apéndice del ajuste nacional, o volvemos a creer en la Mendoza que construye sus propios oasis. La vitivinicultura no pide limosna; pide una política agraria integral que entienda que, si el productor cae, cae Mendoza entera.