Los cambios de tiempo afectan a la salud física y mental mucho más de lo que se piensa. No se trata de una exageración, sino de una condición real con base científica conocida como meteoromensibilidad. Quienes la padecen experimentan desde fuertes migrañas y dolores articulares hasta un notable ánimo depresivo, ansiedad o agotamiento con la llegada de lluvias o tormentas. El doctor en psicología y profesor en la Universidad CEU San Pablo, Fernando Miralles, explica las claves de este fenómeno. Lejos de ser una simple percepción, los estudios científicos confirman la existencia de esta sensibilidad. Según explica el doctor Miralles, cada vez "hay más evidencias de personas que se encuentran mal cuando cambia la presión o cuando la ionización, es decir, cuando vienen estas tormentas eléctricas, se encuentra mucho peor". De hecho, las cifras son contundentes: se estima que del 30 al 60 por 100 de la población suele tener algún grado de meteorosensibilidad, lo que en España se traduce en una horquilla de entre 14 y 28 millones de personas. Las manifestaciones de la meteorosensibilidad se dividen en dos grandes grupos: físicas y psicológicas. En el plano físico, los síntomas más comunes son las cefaleas y migrañas, los dolores de articulaciones o musculares, el empeoramiento de la artritis o artrosis, una fatiga generalizada y alteraciones del sueño. Hay personas que notan sus efectos de forma muy clara, "48 horas antes de llover, ya empiezan a dolerle las articulaciones", señala Miralles. En el ámbito psicológico, los cambios de tiempo pueden provocar una marcada irritabilidad, cambios de humor repentinos, apatía, ansiedad y una mayor tendencia a los estados depresivos. Identificar la causa es clave para manejar estos efectos. Como apunta el psicólogo, "cuando una persona se ve alterada y sabe que viene por un problema externo a él, pues la dolencia es menor". No todas las personas son igual de vulnerables a estos cambios. Existen factores determinantes como las influencias hormonales y la edad. Según los datos, la meteorosensibilidad es más frecuente en mujeres y personas mayores. En el caso de las mujeres, se relaciona con las variaciones en los niveles de estrógenos y progesterona, mientras que en las personas mayores influye la acumulación de dolencias previas como el reuma o la artrosis. La relación entre las hormonas y esta sensibilidad es clara. "El hombre es más estable hormonalmente", explica Miralles, pero en la mujer la fluctuación mensual de hormonas, sumada a los cambios de temperatura o a un ambiente ionizado, "influye mucho más". Esta conexión es similar a la que ocurre con el síndrome premenstrual, cuando la mujer se encuentra alterada días antes de la menstruación. Aunque no se puede evitar que el tiempo cambie, sí es posible mitigar su impacto. La principal herramienta es la anticipación meteorológica. Ser consciente de que el malestar se debe a un factor externo y objetivo es fundamental. El doctor Miralles insiste en que "las personas meterosensibles tienen que saber que sus alteraciones psicológicas vienen por eso, no porque estén enfermos ni vayan a tener ningún problema de ansiedad ni de depresión". Junto a la preparación mental, adoptar ciertos hábitos puede ayudar a reducir los síntomas. Los expertos recomiendan seguir una dieta con comidas no muy grasas y, de forma especial para las personas meteorosensibles, evitar el consumo de alcohol. Estas medidas, combinadas con la anticipación, permiten que los objetivos personales y profesionales se puedan alcanzar con mayor facilidad a pesar del malestar. Finalmente, el inminente cambio de hora también tiene efectos en el organismo. El aspecto negativo es que el cuerpo puede tardar hasta dos semanas en adaptar su reloj biológico o ciclo circadiano, provocando problemas de sueño. Sin embargo, el lado positivo es que al ganar horas de luz se sintetiza más vitamina D, lo que se traduce en un estado de ánimo más alegre, mayor capacidad de concentración y más motivación.