Burló el destino que la España rural y beata le tenía reservado. Hoy es catedrática de la UCO, autora de una veintena de libros y titular de una lluvia de premios literarios Acaba de recibir la Bandera de Andalucía de las Humanidades y las Letras. Para llegar hasta aquí, María Rosal (Fernán Nüñez, 1961) ha tenido que recorrer un largo camino que arrancó hace unas cuantas décadas en un pequeño pueblo de la Campiña bruñido por el sol. Hija de zapatero y jornalera, supo burlar el destino que aquella España beata y caduca había reservado para las niñas rurales de su generación. Hoy es titular de una veintena de libros y su vitrina está atiborrada de premios y reconocimientos literarios, algunos de reconocido prestigio, como el Andalucía de la Crítica o el José Hierro. Es catedrática de Didáctica de la Lengua y su trayectoria está atravesada longitudinalmente por el compromiso feminista. No en vano fue directora general de Igualdad y responsable de la Cátedra de Estudios de las Mujeres ‘Leonor de Guzmán’. Nos recibe en el vestíbulo de la Facultad de Ciencias de la Educación con un bolso en una mano y media docena de libros en la otra. Son las 13.15 horas de una mañana endiablada de actos académicos, reuniones y obligaciones docentes. Lo primero es el reportaje gráfico. Y, cómo no, sobre las escaleras multicolor que reivindican un puñado de valores universales de inclusión y sostenibilidad, hoy en serio riesgo por la onda reaccionaria que barre el planeta. VIDEO PREGUNTA. En su casa de niña nunca hubo un libro. Y usted dijo: “Quiero ser escritora”. ¿De dónde le vino el hechizo? RESPUESTA. Mi deseo de escribir nace de los propios libros. No había libros en mi casa, pero sí en el cole. Y luego en la biblioteca pública de mi pueblo. Cuando disfrutas con la lectura, es bastante normal que además quieras seguir escribiendo. Y no podemos olvidar también habernos encontrado con buenos maestros y maestras que han sido capaces de transmitirnos el amor por la lectura. Es la suma de todo eso. Mi madre me decía: 'Una aguja, mujer. Eso es lo tuyo' P. Cuando usted le pidió un libro a sus padres, su madre le preguntó: “¿Para qué lo quieres?”. R. Me estoy acordando ahora de un poema mío que va a salir publicado en un libro que se titula Google Maps no responde . Hay un momento en que la voz de mi madre me dice: “Una aguja, mujer. Eso es lo tuyo”. El otro día cuando recibí la Bandera de Andalucía, me dieron un par de minutos para hablar. Hablé lo justo y leí un poema de ese libro que tiene que ver también con estas labores de las mujeres que no han sido suficientemente reconocidas. Mujeres que se entregaron al bordado y al croché y que no han tenido oportunidad de ir a la escuela ni a la universidad como sí hemos tenido otras. Y, sin embargo, han tenido una gran fortaleza para trabajar y sacar un sueldo para la familia. Y sí: en mi casa yo pedía libros. P. Y su madre le ofrecía agujas. R. Mi madre me ofrecía agujas. P. Y usted se rebeló contra la aguja que le ofrecía su madre. R. Yo me rebelé de una manera muy particular. Cuando era niña mi madre me llevaba a casa de una señora donde nos reuníamos las niñas de la misma edad a coser con los bastidores. Después, un poco más mayores, nos llevaban la máquina de coser a la casa de esta señora y allí bordábamos el ajuar, aunque fuéramos muy niñas. A mí aquello me gustaba mucho. Me gustaba bordar. Me gustaba la relación social que se establecía. ¿Dónde vino el conflicto? Pues cuando mi madre entendía que yo solo tenía que hacer aquello y no estudiar ni leer. Mi madre creó una dicotomía donde para mí no existía de manera natural. Yo podía bordar, podía coser y podía leer. Podía hacerlo todo porque me gustaban todas esas tareas. De hecho, me siguen gustando mucho. Y entonces yo me rebelé porque mi madre buscaba la exclusividad. Y en esa exclusividad no estaban los libros. P. Aquella era una España talibana que sometía a las mujeres y las encapsulaba en la función doméstica. R. Era la España de la dictadura, por mucho que estuviera dando los últimos coletazos. Una España en la que habíamos mamado lo que había reactualizado la Sección Femenina , que a su vez lo había reactualizado del propio Fray Luis de León con La perfecta casada . Cuando era adolescente me educaron para ser la perfecta casada, como a todas las niñas de mi edad en un pueblo y en un ambiente rural. Teníamos que ser mujeres preparadas para atender una familia y unos hijos, pero no para tener un sueldo propio y ni mucho menos para salir afuera. Y claro: yo ahí sí que rompí mucho los esquemas de mi madre. Ella lo hacía con la mejor voluntad. Estoy convencida de ello. Y tenía miedo de que una niña se fuera del pueblo a estudiar sola a Córdoba. Entrevista N&B a María Rosal, escritora P. Usted defraudó a su madre. R. En cierto sentido, sí. Luego ella se ha sentido muy orgullosa cuando yo he publicado y, sobre todo, cuando las vecinas decían: “Mira, que a tu hija le han dado un premio”. Se sentía muy orgullosa, aunque entendía que una mujer tiene que dedicarse a la casa. P. Eso es lo que ella había aprendido. R. Claro. Pero ella había trabajado en el campo. Lo que pasa es que había tenido un trabajo muy duro del que se quitó de enmedio. P. Trabajaba en el campo y en la casa a la vez. R. Ella tenía muy claro que no quería que su hija trabajara en el campo porque era lo más duro. Pero a mi madre le quedaba muy lejos no solo que yo quisiera ir a la universidad, que lo entendió, sino incluso después de casada y con hijos le costaba entender lo que para ella era una dedicación excesiva al mundo cultural y a la literatura. O sea: a mi madre le parecía muy excesivo que mi casa estuviera llena de libros por todos sitios y que yo estuviera leyendo siempre. P. Sus padres eran jornaleros. R. No. Mi padre era zapatero. Yo tiro muchos versos a la papelera sin remordimientos P. Y su madre trabajaba en el campo. R. Sí. P. Pero trabajó hasta que se casó. R. No, que va. Yo creo que trabajó casi hasta los 40 años, cuando ya mi hermano y yo estábamos mayorcitos. Ella trabajó mucho en el campo. Era lo normal en el entorno en el que nos movíamos entonces. Mi padre era zapatero y era una persona muy querida en mi pueblo. Muy valorada. Un hombre con una gran inteligencia que no pudo desarrollarla. Igual que mi madre. Dos personas muy inteligentes. P. Ninguno de los dos estudiaron. R. Qué va. P. Eran analfabetos. R. Mi padre no. Mi padre sabía leer y escribir. Entrevista N&B a María Rosal, escritora P. ¿Y su madre? R. Analfabeta. P. ¿Y nunca aprendió? R. No, porque no le dio la gana. Intenté enseñarla a leer y a escribir, pero no se dejó. P. Y usted se rebeló contra el destino de su madre. R. Más que de mi madre, yo creo que me rebelé sin saber que me estaba rebelando. Cuando eres niña no te planteas si te estás rebelando. Tú haces lo que puedes. Yo creo que me rebelé contra el destino que la sociedad había decidido para una niña rural de los años setenta. A lo mejor en otros sitios ya estaba la gente yendo a la universidad. Para mí no era fácil. Tampoco teníamos dinero. Yo pude estudiar la carrera con becas. Si no, no hubiera podido. P. Su primer libro fue 20.000 leguas de viaje submarino . R. Me lo compró mi padre. Solo ese libro y se acabó. Es que no hubo más. Me rebelé contra el destino que la sociedad había decidido para una niña rural de los setenta P. ¿Fue el único libro que le compraron? R. El único. En un viaje que hicimos a algún pueblo vecino. Mi padre era zapatero e iba a algunos lugares a comprar materiales para la zapatería. Y yo, de vez en cuando, iba con él. Pasamos por un puesto de libros y me empeñé. Pero ya está. Ya no me compraron más. Aunque daba igual. Yo buscaba los libros donde fuera. P. Leyó 20.000 leguas de viaje submarino . ¿Sigue viajando desde entonces? R. Ese libro yo lo pedí porque ya lo conocía de la biblioteca. Lo que quería era tener un libro propio. No es que me iniciara con ese libro. Ya lo había leído. Era el deseo de tener mi propia biblioteca. Un deseo muy fuerte en mí. Y yo ahora muchas veces pienso con qué fuerza deseé tener libros que ahora no me caben en la casa. P. ¿A usted le interesan las palabras o las historias que transportan? R. Más que interesarme, lo que me preocupa es la sociedad contemporánea y de qué manera las palabras ya no valen nada. La gente se abandona a lo que le cuenten. Y yo creo que esta sociedad con tanto bulo está destruyendo las palabras. Lo que me preocupa es que nuestro pensamiento crítico se fortalezca. Muchas de las cosas que hemos conseguido se pueden perder si no seguimos dotando a nuestros estudiantes de un pensamiento crítico. Que no crean todo lo que se les dice, sino que cuestionen lo que oyen y lo que leen. P. Hoy los jóvenes tienen más acceso a la información y el conocimiento que han tenido nunca. R. Sí, pero el acceso a la información no quiere decir que tengan las herramientas para interpretarla. Tenemos más acceso, pero hay muchos peligros, sobre todo cuando el pensamiento no se ha fortalecido. Yo creo que hay que mirar el mundo contemporáneo, la historia, los libros y los textos buscando lo que dice y lo que está debajo. Yo cuando trabajo un texto con mis alumnos siempre les digo: “Hay que mirar en profundidad. Saber qué dice, cuál es la intencionalidad del texto, a dónde nos lleva ese discurso del momento en el que se escribió”. Hay que volver a leer a los clásicos e interpretarlos sin aceptar ideas preconcebidas. Entrevista N&B a María Rosal, escritora P. Hasta los 30 años no tomó usted conciencia de que sus versos podían interesar a alguien. O sea, escribía entonces para nadie. R. Yo escribía desde niña y siempre he enseñado lo que he escrito. Nunca lo he guardado en un cajón. Mis amigas tenían que aguantar porque yo les iba a leer lo que había escrito. Lo que sí estuve mucho tiempo fue en silencio cuando empecé la carrera en Filosofía y Letras. Yo venía del pueblo y había publicado en la revista del instituto. Incluso me habían dado premios. En los años de carrera me dediqué sobre todo a leer. No les dije a mis compañeros de Facultad que yo escribía. Mantuve un silencio por lo menos hasta los 30 años aunque seguí escribiendo. Tomé conciencia de que tenía que enfocar la escritura de una manera que fuera absolutamente plena para mí. A partir de ahí fue cuando empecé a mandar poemas a concursos. P. ¿Cuántos versos ha tirado a la papelera? R. Yo tiro muchos versos y además sin remordimiento ninguno. Para mí, escribir poesía es una cosa que me llena. Me siento feliz. Me apetece. No tengo ninguna necesidad a esta altura de mi vida de publicar nada que no me apetezca publicar. Tampoco es fácil publicar. Tienes que ir a concursos todavía. No es fácil por las editoriales. Ahora escribo con bastante serenidad. Si algo no me gusta lo tiro. O, más que tirarlo, lo abandono. Se queda allí. Luego me encuentro algún archivo con poemas. Y digo: “Anda, mira lo que hay aquí.” P. Se ha presentado a muchísimos concursos literarios. ¿Qué necesita: validación o dinero? R. No. Publicación. Es que cuando tú mandas un libro a una editorial te dicen: “Ay, me gusta mucho cómo escribes. Qué buen libro. Pero tengo muchos en la cola. Dentro de tres o cuatro años lo podemos sacar”. Y dentro de tres o cuatro años le he tomado manía ya a ese libro. Porque el libro tiene una actualidad mental para ti. No para los demás. P. ¿Le gusta releer sus textos? R. A veces sí, a veces no. El mundo no necesita bombas ni dirigentes que nos exijan sumisión P. ¿Y se reconoce? R. A veces sí, a veces no. P. Usted ha dicho: “Los premios me han dado libertad.” R. Sí, porque me dieron confianza al principio. Ahora ya no. Ya hay una trayectoria muy larga de muchas publicaciones y yo ahora voy con mucha tranquilidad y con mucha serenidad. Pero al principio sí me dieron libertad en el sentido que yo dije: “Bueno, parece que esto que yo escribo le puede interesar a alguien”. Yo me he presentado a concursos donde no conozco absolutamente nadie, en puntos muy diversos de la península, y he recibido premios. P. Usted ha ganado muchos premios. R. Sí. He tenido suerte. P. Solo suerte no. R. La suerte hace falta para todo. Entrevista N&B a María Rosal, escritora P. En la escritura, ¿disciplina o inspiración? R. Disciplina. P. Usted de eso está bien servida. R. Sí. Disciplina. Yo no voy a decir que no exista la inspiración. Alguna vez creo que me he encontrado con ella. Pero ha sido cuando he estado trabajando. P. Como Picasso. A él siempre que le llegaban las musas lo pillaban trabajando. R. A veces llega la inspiración de manera muy curiosa. ¿Por qué? Porque tu cerebro ya estaba ahí. Cuando tienes una idea que te está llenando mucho, al final sale en cualquier lugar insospechado. Incluso conduciendo. P. Usted ha sido capaz de estar muchas horas sentada escribiendo. R. Sí. Yo puedo aguantar muchas horas sin problema. Me lo tomo como un regalo. P. ¿Y esconde el móvil? R. No siempre, pero a veces sí. P. ¿María Rosal es poeta, ensayista o narradora? R. Yo creo que soy escritora en un sentido amplio de la palabra. Me siento igual de bien escribiendo poesía, novela o ensayo. Para mí, son diferentes géneros de lo mismo: la escritura. P. Pero su pecado original es la poesía. R. Sí, pero eso no quita nada. A mí hay veces que me apetece escribir poesía, otras narrativa y otras ensayo. No me planteo más cuestiones. Hago lo que me apetece. Yo vivo de mi trabajo en esta Universidad como profesora. No tengo que buscar nada. Escribo por placer. Porque me gusta. Porque me llena. ¿Que luego quiero publicar? Pues lo mando a un concurso. Pero no tengo otra motivación. Hay personas que tienen que buscarse la vida y miran cómo dar talleres o conferencias para completar el sueldo o la pensión. Todo eso lo respeto, pero yo no tengo esa necesidad. En la Universidad hay machismo como en todos sitios P. Usted da charlas por medio mundo. R. Cada vez que me invitan voy. Me gusta viajar. P. Y sigue viviendo en Fernán Núñez. R. Sí. P. ¿De qué se refugia allí? R. Es que yo me siento feliz en mi pueblo. A mí me gusta vivir en Fernán Núñez. Me siento feliz con la gente. Salgo a tomar un café y me pongo a charlar con mis paisanas. Yo estoy muy bien allí. Y luego viajo mucho. Me muevo a muchos sitios. P. ¿ Usted es una escritora de pueblo? R. Vicente Núñez, de quien es el centenario este año, tenía su universo en el pueblo. Igual que Mario López. El pueblo es el universo. P. También ha dicho usted: “La escritura es un arma insurgente”. ¿Contra qué se rebela? R. La escritura es un arma insurgente desde el mismo momento en que estimula el pensamiento y te obliga a replantearte desde tu propia identidad, desde quién eres, dónde estás, cómo estás y a dónde quieres ir, sin olvidar de dónde vienes. Desde el mismo momento en que la escritura te permite todo eso, es un arma cargada de futuro, como dijo Gabriel Celaya. Y creo que ahora mismo debe de ser un instrumento para la paz, que es lo que nos urge. Entrevista N&B a María Rosal, escritora P. ¿Qué necesita el mundo: más bombas o más versos? R. El mundo no necesita bombas. El mundo no necesita dirigentes que nos exijan que seamos sumisos. El mundo lo que necesita es que se cumpla la legalidad internacional. Que cumplamos las leyes y los acuerdos. Eso es lo que necesita el mundo. Los versos vienen muy bien, pero no nos vayamos a confundir. Lo que necesitamos es que se cumplan todas las normas. Y, si una norma no nos gusta, cambiémosla, pero no nos la saltemos. P. Un presunto genocida con una orden de detención internacional lanzando una guerra de liberación contra un régimen teocrático y opresivo. ¿Oxímoron o sinestesia? R. Es una barbaridad. No tengo otra palabra. Una barbaridad. Tenemos que pensar. Siempre que se atente contra la vida de las personas, no podemos aceptarlo. Venga de donde venga. No podemos quedarnos callados. Tampoco podemos quedarnos callados cuando se atente contra el planeta. Todo esto son cuestiones que no podemos naturalizarlas. P. ¿Usted usa su escritura para combatir todos estos desatinos? R. Yo escribo desde lo que soy. Desde mi pensamiento. Desde mi concepción del mundo. Yo no soy periodista. No hago artículos de opinión. Ahí no me muevo yo. No hay un planteamiento deliberado de realizar una escritura de denuncia. Yo no me dedico a ese terreno, pero sí que escribo desde mi planteamiento del mundo y desde mi identidad y mis raíces. P. Celaya también decía: “Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales”. R. “Que, lavándose las manos, se desentienden y evaden”. P. ¿Usted también maldice esa poesía? R. Hay que entender el contexto en el que Celaya se movía. Yo creo que ahora el contexto también es complejo. Y creo que la poesía, la narrativa y cualquier género deben mantener un compromiso con el mundo contemporáneo. Vivo en Fernán Núñez porque me siento muy feliz en mi pueblo P. Usted lo mantiene. R. Yo escribo desde mi propia identidad y mi visión del mundo. Lo que pasa es que algunas veces las críticas que yo he hecho en mi poesía puede costar un poco captarlas porque me he valido mucho de la ironía. P. La ironía puede ser un arma letal. R. Sí. La ironía me gusta mucho. Y está en muchos poemas míos. La ironía ha sido uno de los instrumentos de mi poesía para expresar mi visión del mundo. P. ¿Hay que prohibir el burka? R. No. Yo no prohibiría nada. Hay que educar a las personas. Y respetar. No tengo ningún deseo de entrar en un debate que me parece postizo en estos momentos. P. Mañana va a recibir usted el Premio de Igualdad de la Universidad de Córdoba. ¿Queda mucho troglodita en las aulas? R. Lo primero que tengo que dar es mi agradecimiento a esta Universidad porque me ha tratado siempre muy bien. Y agradezco que haya pensado en mí para este reconocimiento a mi trayectoria en igualdad. Yo he trabajado mucho en igualdad desde todas las perspectivas, tanto en la docencia como en la investigación. De hecho, algunos de mis libros son sobre la igualdad. He trabajado desde la transferencia a la sociedad y desde la gestión. He sido directora general de Igualdad. La Universidad ha avanzado muchísimo en la transmisión de valores. Tanto en investigación como en proyectos que tienen que ver con el análisis feminista de la literatura, que es en el campo en el que yo me muevo. Hemos avanzado en los estudios de género. Y quiero reconocer el trabajo de las compañeras que están llevando ahora la dirección de Igualdad. Están trabajando de manera absolutamente intensa y comprometida. P. ¿Pero quedan trogloditas en las aulas? R. Hay machismo en todos los lugares. Y, si la pregunta es si queda machismo en la Universidad, yo le diré que no más y no menos que en otro sitio. El machismo no se ha eliminado. Y es más: tenemos que tener mucho cuidado porque va en aumento y se está negando la violencia machista. Ya llevamos 10 mujeres asesinadas. Entrevista N&B a María Rosal, escritora P. Crece el antifeminismo entre los jóvenes. ¿Qué hemos hecho mal? R. Estamos hartas de trabajar y encima no podemos estar culpándonos todo el tiempo. Hemos trabajado con toda la fuerza y la energía que tenemos. ¿Qué está pasando? Pues que el tiempo es otro y es un tiempo convulso. Hay movimientos globales, no de Córdoba, que son de extrema derecha. Y en algún momento los varones se han podido sentir perjudicados porque ese trono que el patriarcado le había dado sin ningún esfuerzo se le puede mover.Y yo también lo entiendo. Aquí hay muchísimas alumnas que quieren trabajar, que no quieren irse a la casa, que quieren tener su sueldo. Muchas veces los hombres lo están leyendo como una amenaza, pero a mí me parece un gran error que se lea así. Todo esto está llevando a un antifeminismo que me parece muy peligroso porque no podemos empezar a perder derechos conseguidos desde hace más de 30 años. P. ¿Hay equidad en las antologías? R. Tengo un libro que se llama Del boom de los 80 al laberinto de Internet . Ahí me entretuve durante más de dos años en analizar los últimos 40 años de poesía. Revisé todas las antologías. Y además hice algo que a mí me parecía imprescindible hacer: analizar los prólogos, los anteprólogos y los epílogos. Y en todas busqué lo que yo llamo la razón antológica. Y ahí es donde pude desvelar un machismo atroz, porque muchas veces los antólogos, cuando incluían a mujeres, muy pocas, lo justificaban. Y eso no lo hacían con los hombres. P. O sea, que hay muy pocas mujeres en las antologías. R. Sí. P. Y, además de pocas, los antólogos justificaban por qué aparecían. R. Sí. Pero además yo lo he dicho con números y con nombre y apellidos. P. ¿Y cuántos números le salían? R. No es solo un número. Son muchos. Tuve que ir analizando por décadas. Me llevó varios años hacerlo y ahora me siento muy contenta porque es un estudio de referencia. Un estudio universitario que interesa más a las investigadoras. Muchas me dicen que si no tuvieran ese libro tendrían que ponerse a hacer ese trabajo. El antifeminismo es muy peligroso porque podemos perder derechos logrados hace más de 30 años P. A las mujeres escritoras las siguen invisibilizando. R. Y no es por esconder a las mujeres ni por hacerlas invisibles. Es que muchas veces las antologías se realizan por criterios de amistad y criterios que no son científicos. Alguien se plantea hacer una antología e incluye a sus amigos. Y como los hombres han tenido tradicionalmente más poder que nosotras, pues han tenido más amigos y más deudas que pagar. Y más agradecimientos. Y así ha funcionado el patio. Todo eso está explicado en ese libro. P. Acaba de recibir la Bandera de Andalucía de las Humanidades y las Letras. ¿Qué corona este premio en su larga carrera literaria? R. Lo primero que yo quiero es transmitir el agradecimiento a la Junta de Andalucía y a la Delegación en Córdoba por haber pensado en mí para este reconocimiento. ¿Qué me aporta? Me aporta ilusión. Me aporta agradecimiento. Y, sobre todo, me aporta energía. Es un modo de decir que seguimos caminando y se está reconociendo el trabajo realizado por muchas personas. Y es muy importante que se reconozca. P. ¿En papel o en pantalla? R. ¿Para escribir? P. Para escribir o para leer. R. Escribir en pantalla. P. ¿Y leer? R. Leer en papel y en pantalla. Me da igual. Puedo leer en los dos. Prefiero el papel, pero si voy de viaje prefiero pantalla. Y el papel cuando tengo que subrayar. P. ¿Hay poesía en Instagram? R. Tampoco conozco Instagram tanto como para afirmar si la hay o no la hay. Lo que sí puedo afirmar es que algunos de los poemas de Instagram que están leyendo nuestros adolescentes es una poesía tan primaria que quizá lo que denota es que la persona que la ha escrito ha leído poco. Entrevista N&B a María Rosal, escritora P. Leemos hoy menos. R. Pues no lo sé. Yo es que me muevo en un círculo de gente que lee. También es verdad que nuestros estudiantes leen menos de lo que yo desearía. Y yo estoy siempre ahí machacando. P. Como buena escritora. R. Soy una pesada. P. Leo en internet lo siguiente: “No me basta tu piel para tenerte / bálsamo, oscuridad, labio de arena / turbia sublevación que me encadena / al abrazo sin alas de la muerte”. ¿Reconoce su voz? R. Es una cursilada. P. Lo he leído en internet. R. Eso es muy antiguo. Y ahora estoy en otro lugar. P. ¿En qué lugar? R. Tampoco lo sé decir. Ahora mismo, si tuviera que hacer una revisión de mi poesía para publicar alguna antología, elegiría unos poemas sí y otros no. P. La he visto ruborizada al escuchar el poema. ¿Abjura de sus versos? R. No. Es que lo he visto cursi. P. ¿María Rosal es cursi? R. No me gustaría. Hay poemas que ya no respondo por ellos. Eso es la evolución. Cuando te ves en una foto con pantalones de campana y dices: “Por Dios, por Dios, por Dios”. ¿No le pasa? A mí me pasa. Y le pasa a otra gente que yo conozco también. Y nos reímos mucho. Esta sociedad está destruyendo las palabras con tanto bulo Entrevista N&B a María Rosal, escritora