Con casi veinte años de alternativa, Daniel Luque debutaba en Olivenza, la feria de campanillas donde otrora no encontró sitio. Y lo hizo con una seguridad abrumadora, con un valor natural que no se mide en decibelios, sino en la quietud del sitio, en la seguridad que convierte el peligro en belleza, en ese pulso que encuentra toro por todos lados. En corto y por derecho: soberbio. El de Gerena exprimió con maestría cada gota de sus toros del Puerto de San Lorenzo, que lidió una corrida de mucho interés en la que el lote de la fortuna, un lote de cuatro orejas, cayó en la bolita de José María Manzanares. Anunció su humillador pitón derecho Lirillo desde que se... Ver Más