La sociedad española desde hace décadas ha mantenido un pacto con sus jóvenes: haz las cosas bien y te irá bien. Parece sencillo, parece lógico y hasta parece justo. Nos dijeron que teníamos que estudiar, trabajar y esforzarnos, que los resultados vendrían solos, y nosotros, jóvenes e ilusos, nos lo creímos. Seguramente quisimos ser el reflejo de nuestros padres, a quienes hacer las cosas bien les permitió vivir mejor que a nuestros abuelos.