Ha pasado más de una semana desde que Estados Unidos e Israel atacaron a Irán, supuestamente para derrocar al régimen de los ayatolás, y de momento no se vislumbra la paz en la región. A pesar del asesinato del líder supremo, el ayatolá Jamenei, y de otros muchos líderes políticos y militares persas, Teherán sigue la lucha y responde, con las capacidades que aún le quedan, a los atacantes. Ayer, Donald Trump, presidente de EE.UU, anunció un golpe sin precedentes en el país, como castigo por la no capitación de los iraníes, mientras los cazas de Netanyahu, el primer ministro israelí, atacan día y noche objetivos en todo el país. En estos días, se ha denunciado que Irán lanzó misiles cargados con bombas de racimo contra Israel, una tecnología prohibida por más de 120 países por su impacto en la población civil. Y Teherán, por su parte, sostiene que más de 1.000 ciudadanos han muerto como consecuencia de los bombardeos indiscriminados de los aliados. La guerra ya involucra o afecta a 16 países. Irán ha lanzado ataques de represalia contra bases militares estadounidenses en Irak y ha disparado misiles que fueron interceptados en países como Kuwait. El caos en la región es total e incluso un dron iraní llegó a Chipre y un misil fue derribado en Turquía.