En un mundo sin teclados ni ratones la interacción con las máquinas sería un ejercicio de frustración constante: dictados interminables, gestos torpes y navegaciones a ciegas que convertirían el envío de un simple correo electrónico en una verdadera odisea. Estos dos artefactos, guardianes de la era digital, no nacieron de un destello genial aislado, sino de un entramado de casualidades afortunadas, inventores dispersos que nunca cruzaron sus caminos y empresas visionarias que transformaron tropiezos en revoluciones. Juntos desataron el potencial humano en el universo binario: el teclado canalizó ríos de palabras, desde mensajes efímeros en redes sociales hasta obras literarias perdurables, y el ratón, con su clic intuitivo, hizo que las pantallas abstractas se convirtieran en lienzos accesibles a todos... Ver Más