Pepe tiene 93 años, está enfermo, pero es un hombre con suerte. Lleva mucho tiempo viviendo en la nebulosa de una enfermedad degenerativa que le ha hecho perder casi con totalidad la conciencia de su identidad, pero no el cariño de quienes tiene más cerca. Su mujer tiene 87 años y desde que él enfermó ha dedicado sus días y sus noches a cuidarlo. «Esto es algo que no esperas que vaya a pasar y que se lleva regular, no es fácil ver mal a la persona que te ha acompañado durante 70 años», explica sincera, «ves que está mal y tú te sientes mal también, me da mucha pena verlo así y para mí el único consuelo es darle todo el cariño posible, no tengo más ilusión que saber que él esté bien».