El 8 de marzo vuelve a situar a la sociedad frente a un balance inevitable. En las últimas décadas, los avances en igualdad entre hombres y mujeres han sido notables y han transformado tanto las instituciones como la vida cotidiana. Sin embargo, ese progreso convive con nuevas amenazas que ponen en riesgo parte de lo conseguido. La violencia machista sigue siendo la expresión más brutal de una desigualdad persistente, pero también han surgido formas de agresión como el ciberacoso o las campañas de hostigamiento digital. Con todo, la mayor amenaza es ideológica.