A veces las palabras de tanto usarlas pierden un poco su sentido y el contenido de su significado tiende a diluirse perdiendo su valor o adquiriendo uno nuevo, muy alejado del suyo propio, de manera que al final decimos de forma automática algo sin comprender su dimensión real. Otras, en cambio, es la falta de ese uso lo que las convierte en palabras muertas. El lenguaje es así, voluble y cambiante, muy dependiente de las modas o modos de quienes lo usan.