La torre medieval entre vides salvada del olvido

En una ladera que se adentra con una suave pendiente en un meandro del Miño —el río fluye manso pero imponente por este lugar del municipio ourensano de Toén—, la uva treixadura, que configura uno de los vinos más apreciados de la denominación de origen de O Ribeiro, crece en una parcela de nueve hectáreas, donde el producto de las vides comparte protagonismo con un elemento del patrimonio histórico y cultural gallego. La Torre do Olivar, conocida también como Torre de Puga —la parroquia que la alberga—, asienta sus raíces en la Edad Media. Con origen en los siglos XV-XVI, ha dejado de ser patrimonio en peligro. Luce como una muestra del pasado que ha rejuvenecido, gracias a una reforma por fases —la primera ya está lista— que no resta importancia al peso de la historia. La rehabilitación, impulsada por la bodega Pazo do Mar, con un proyecto diseñado por los arquitectos Sonia López Calvo y Manuel Seoane Feijoo, salva del deterioro la antigua fortificación, una atalaya con una vista privilegiada de los valles del Miño y el Barbantiño, erigida entre las rutas que conectaban Ourense con la costa y el norte de la provincia.