Un «supercerebro» con ADN gallego para el naval del futuro

En las entrañas de los buques de guerra habitan kilómetros y kilómetros de cables conectados de forma independiente a más de una decena de sistemas. Funcionan como si se tratasen de arterias y venas que hacen latir cada uno de estos corazones, en aparatos circulatorios distintos, pero todos reciben electricidad y bombean información dentro de una misma caja torácica. Cada una de las conexiones permite dar cobertura a un servicio; como la luz, el Wi-Fi o las comunicaciones. Controlar cámaras, abrir puertas, activar la megafonía… Es un entramado de cobre y fibra que ha crecido a base de capas durante décadas, una por cada nueva necesidad o desarrollo tecnológico que se incorporaba al barco. El problema, como es obvio, es que cuantos más sistemas y más cables se añaden a cada embarcación, más pesa esta y mayor es su coste, tanto por el material que se emplea como por su instalación.