Con el precio de los alquileres por las nubes, los delincuentes han encontrado un nicho en el que moverse con relativa facilidad. Siempre existieron, pero las estafas relacionadas con el arrendamiento de viviendas se han disparado en los últimos años. Falsos propietarios principalmente pero también auténticos agentes inmobiliarios que se valen del engaño en sus negocios se están sentando en el banquillo por cometer fraudes que, en gran parte de los casos, afectan a un sector muy vulnerable de la población: personas con severas dificultades económicas para encontrar un hogar dados los elevados precios actuales. Son, en palabras del Tribunal Supremo, víctimas «asequibles» de los estafadores inmobiliarios, que en la mayoría de ocasiones cuelan sus atractivas ofertas en los principales portales web dedicados a este mercado.