Salir a su hora, no aspirar a tener un despacho propio, no querer ser jefe... Para mucho jóvenes de la Generación Z (los nacidos entre 1994 y 2010), tener éxito en el trabajo ya no pasa por ascender y ocupar cargos directivos, sino por mantener un equilibrio entre lo laboral y lo personal. A esta forma de entender el trabajo la han llamado minimalismo profesional, es decir, cumplir con lo pactado en el contrato, garantizarse unos ingresos y reservar energías para la vida fuera del trabajo.