Los auténticos perdedores de este bloqueo no se sientan en los escaños de la Asamblea. Están fuera de ellos. Son quienes se preparan para unas oposiciones, quienes intentan sacar adelante un negocio o quienes atienden cada día a otros ciudadanos mientras estiran unos sueldos que siguen entre los más bajos de España para sostener los gastos básicos de sus hogares. También quienes afrontan hipotecas o alquileres en un mercado de vivienda cada vez más exigente, cuando no directamente inaccesible.