Si como parte de la ciudadanía, nos hiciéramos la pregunta de si existe también brecha de género en términos de pobreza y exclusión social entre hombres y mujeres, es fácil pensar que estas últimas salen peor paradas. Si quisiéramos confirmarlo, bastaría con consultar los últimos datos analizados por la Red Europea de Lucha contra La Pobreza y la Exclusión Social (EAPN). Atendiendo a lo recogido en el Observatorio de Feminización de la Pobreza y la Exclusión que presentó dicha Red el pasado 12 de diciembre de 2025, un 26,8% de mujeres en España está en riesgo de pobreza y/o exclusión social -6,6 millones de mujeres frente a unos 5,9 millones de hombres-. Sin embargo, no siempre se ha aplicado la perspectiva de género o se ha luchado por entender por qué -también en términos de pobreza- se produce esta brecha. Vayamos al origen: fue Diana Pearce, investigadora estadounidense, quien a finales de la década de los 70 hizo nacer el término feminización de la pobreza, haciendo ver al mundo que la pobreza femenina no es casual, sino que está determinada por los trabajos de cuidados y la posibilidad de acceder y disfrutar en igualdad de las oportunidades que ofrece el mercado laboral. Fue entonces cuando se empezó a entender que, para empezar a hablar de erradicación de la pobreza y exclusión social en las mujeres, era necesario hacer un análisis de lo que la diferenciaba y determinaba, respecto a los datos de pobreza y exclusión social en hombres. No fue, de hecho, hasta 1995, cuando se produjo un reconocimiento global, en la Cuarta Conferencia Mundial sobre La Mujer de las Naciones Unidas en Beijing, donde se popularizó la frase «la pobreza tiene rostro de mujer».