Luis Revilla nació en Lerma, un pueblo de Burgos, y estudió Derecho en Valladolid. Allí aprobó las oposiciones a secretario judicial pero el destino lo acabó trayendo a Sevilla, en principio, para uno o dos años que acabaron siendo cuarenta. «Estoy muy a gusto en Andalucía y, especialmente, en Sevilla, amo a esta tierra», confiesa el director del Servicio Común de Tramitación de la Audiencia Provincial de Sevilla, a la que llegó en 2002 y desde la que ha impulsado la figura, entre otras cosas, del jurado popular. -Lleva casi 25 años en la Audiencia Provincial de Sevilla. Supongo que en ese tiempo habrán cambiado mucho las cosas... -Sí, mucho. Han cambiado las personas. Algunas se han jubilado, otros han fallecido y a todos se les echa muchísimo de menos (se acerca a una foto que tiene colgada en una de las paredes de su despacho en la que posa con otros letrados, funcionarios y magistrados). Y también ha cambiado mucho la ley. Y también la forma de trabajar, antes era más artesanal y ahora es más tecnológica. Cuando las aplicaciones funcionan bien, es una maravilla, pero el día que no funcionan nos subimos por las paredes. Dependemos mucho de la tecnología y hay que hacer un esfuerzo para adaptarse. A la gente joven le cuesta menos adaptarse. -No hace tanto se publicaban de forme periódica imágenes de los despachos de la Audiencia con montañas de papeles que cubrían todas las paredes y casi todo el suelo habitable. ¿Ya se ha dejado todo eso atrás? -Bueno, poco a poco. En Civil sí está más metida la tecnología y el expediente digital. En penal vamos poquito a poco, vamos más lentos. El uso de la tecnología nos exige trabajar de una manera más rápida y dar respuesta con mayor celeridad. -¿Se lleva mejor con los jueces que con los abogados? -Los jueces son personas como nosotros. Yo siempre he presumido, pero no solo aquí sino fuera de Andalucía, de que tenemos una suerte tremenda con todos ellos y con todos los profesionales de la abogacía, de la procura, los graduados e, incluso, con los propios justiciables. Hay determinadas comunidades autónomas donde las personas son diferentes y desde luego el trato no es tan sencillo. -¿Por esa seriedad alegre de los andaluces? -Sí, porque no es lo mismo ser serio que ser triste. Un profesional puede ser serio, pero no necesariamente tiene que ser una persona gris y afortunadamente aquí la gente es seria trabajando. Y no es triste. -Lo que sí es triste es la falta de medios en la Administración de Justicia. En Sevilla se están señalando juicios para dentro de cuatro o cinco años. -La falta de medios se suple normalmente con más horas de trabajo. Y con voluntarismo y vocación, porque este trabajo es vocacional. Intentamos ir al día, en unas ocasiones se consigue, en otras no. En el orden penal agiliza mucho la figura de la conformidad de la negociación. Nos está salvando. Y con la última reforma se ha quitado el tope máximo, que antes eran para casos con penas de hasta 6 años de cárcel. Ahora es posible la conformidad incluso con una pena de prisión permanente revisable. Antes tenía que celebrarse el juicio incluso confesando el acusado el crimen y su intención de matar. Esto acorta los plazos de resolución en el orden penal. - Sin embargo, en la jurisdicción social se está con un atasco tremendo, de hasta cinco años de espera. -Sí, esto habría que solucionarlo. La verdad que no es un problema de legalidad, es decir, la ley no es mala. El problema es falta de medios personales. - Para una persona despedida de su trabajo, tener que esperar un lustro a que lo indemnicen es un drama. -Sí porque la justicia tardía no es justicia. El artículo 24 de la Constitución nos obliga a la tutela judicial efectiva y hay que dar una respuesta. Si se trata de datos objetivos en temas de indemnización o de readmisión, habría que agilizarlo sin que llegara a juicio. También es verdad que normalmente la gente quiere que le dé la razón la autoridad judicial y que en España no tenemos cultura de mediación. Poquito a poco se va derivando a esa solución extraprocesal en la que las dos partes ceden, pero todavía nos quedan unos añitos. Los actos de conciliación y la mediación podrían liberar muchísimo a la Administración de Justicia. -Desde la Junta de Andalucía se acusa al Ministerio de Justicia de favorecer la creación de plazas de jueces y de nuevos órganos judiciales en Cataluña y País Vasco, en detrimento del resto de España. ¿Le parece justo ese trato desigual hacia unas comunidades por motivos puramente políticos? -Todos los españoles deben tener los mismos derechos a los servicios públicos, pero opinar sobre eso supone meterme un poco en el terreno de la política y me está vetado hacerlo por la posición que ocupo. Debo ser prudente. El hecho de que se manden jueces depende de gran medida del Consejo General del Poder Judicial y del Ministerio de Justicia, igual que los fiscales. Los funcionarios dependen de las comunidades autónomas. - Abogados sevillanos que llevan casos en el País Vasco comentan que allí tienen muchos menos retrasos en la resolución de los casos y señalamiento de juicios. Entre otras cosas, porque cuentan con jueces de refuerzo. -Aqui cada uno arrima el ascua a su sardina. El profesional de la abogacía o de la procura sabe que sus ingresos van a depender directamente de que los juzgados trabajen al día. A cualquier particular al que un abogado le diga que va a ganar el caso pero que tardará cinco años en ganarlo, se le van a quitar las ganas de iniciar un proceso judicial. Si se va a solucionar en seis meses, uno se mete. - Esto pasa también con las multas de tráfico... -Sí, se te quitan las ganas de recurrir. Hay aspectos que van más rápidos, por ejemplo, Hacienda. -En servicios públicos como sanidad y educación, los políticos suelen ser más proclives a invertir en medios humanos y materiales. ¿Por qué no en Justicia? -En Justicia una parte siempre va a salir descontenta y, a veces, lo salen las dos. Aunque sea tirar piedras contra nuestro tejado, yo pienso que la sanidad es más importante, igual que creo que las ongs de carácter médico son más importantes que las jurídicas. Nosotros podemos concienciar sobre la violencia de género y otros delitos, pero no podemos competir con una ong sanitaria que cura a las personas o les salva la vida. - Hablemos del jurado. Cuando se introdujo, parecía un avance social que los ciudadanos administrasen justicia con ciertas condiciones y supervisiones, pero ahora da la impresión de que se desconfía de esta institución. ¿Cuál es su opinión ? -Es verdad que no tenemos tradición juradista y que hubo una época de titubeo en la que se paró un poquito. Pero a partir del posicionamiento del Tribunal Supremo, nos están viniendo mucho más asuntos. Estamos empezando marzo y ya tenemos registrados seis casos en lo que va de año. El año pasado se batió récord de entrada y de resoluciones. Aunque sigamos teniendo miedo a lo desconocido, yo confío muchísimo en el futuro del jurado. Al final y al cabo, se trata de sentido común y la gente de la calle tiene muchas veces más sentido común que nosotros, los profesionales de la Administración de Justicia. Eso no se aprende en la carrera ni en la oposición, viene de serie o lo vas aprendiendo, pero nadie dice que tú tengas menos sentido común que yo. Y el jurado en España tiene una serie de garantías. Primero, el ámbito de actuación, es decir, es un jurado de hechos, y lo que te van a preguntar, después de presenciar el juicio y los testimonios de peritos, testigos, personas acusadas y pruebas, es si estás convencido de que uno le ha pegado una puñalada a otro por la espalda. No tienes que calificarlo jurídicamente. Otra garantía es el sistema de mayorías, porque para declarar culpable se necesitan al menos 7 de los 9 votos. Y la otra garantía es la motivación. El jurado tiene que decir en qué concretos medios de pruebas se basa para decir que eso es blanco o negro. Por eso yo creo en el jurado. Es verdad que sin jurado los procesos duran la quinta parte, por eso deberíamos simplificar los trámites en lo que se pueda. Yo creo que funciona suficientemente bien. ¿Cómo reacciona la gente cuando le dicen que ha de juzgar un caso de asesinato? -No se ve normalmente como algo agradable y la primera sensación es de preocupación. Pero ser jurado es lo mismo que cuando había mili obligatoria, es un derecho y un deber inexcusable. Cada dos años hacemos un sorteo y sacamos entre 2.000 y 2.500 personas de Sevilla y provincia de mayores de 18 años, que entran en una bolsa. A partir de 65 años deja de ser obligatorio, aunque yo soy partidario de subir a esa edad hasta los 70, de la misma manera que un juez puede poner sentencias hasta los 70, incluso hasta los 72. Hay una serie de circunstancias que a las que pueden voluntariamente agarrarse para evitar ser jurado como una enfermedad grave o haber sido condenado por un delito doloso. - ¿Los abogados de Sevilla prefieren un juez profesional a un jurado? ¿O es al revés? -Los abogados y demás profesionales le tienen mucho respeto a la figura del jurado porque hay que trabajar diferente. No sirve hablar de términos jurídicos. Para ellos es un plus de trabajo, es decir, más horas y trámites muy complejos. En general, prefieren un juez profesional porque es mucho más sencilla la celebración y dura mucho menos tiempo. Lo que es una mañana con un jurado se convierte en cinco mañanas. -Y costará también más dinero... -Mucho más. Siempre se ha considerado históricamente al jurado como una institución relativamente progresista pero si decide suprimirlo algún partido, con la mayoría cualificada que exige la Constitución, la Justicia seguirá funcionando lógicamente. - ¿Es partidario de reducir el ámbito de actuación del jurado? -Sí, y eso se podría hacer modificando la ley orgánica y sin tocar la Constitución. Yo dejaría el jurado sólo para los delitos contra la vida, es decir, homicidios y asesinatos. Quitaría la malversación de caudales públicos, que es un delito mucho más complejo. Algunas voces hablan de que el jurado juzgue delitos contra la libertad e integridad sexual y los de violencia de género. Es opinable, como los delitos de allanamiento de morada. - ¿Los quitaría, si pudiera? -Sí, porque un allanamiento de morada puede durar dos horas en un juzgado de lo Penal y con jurado puede llevar de lunes a viernes. Socialmente es un delito o una conducta que repele la sociedad, es muy fuerte que entren en tu vivienda. Pero esa respuesta fuerte también la puede generar alguien de la carrera judicial sin necesidad de que intervengan jurados. -¿Han crecido los allanamientos de morada en Sevilla durante los últimos años? -Sí. En lo que va de año tenemos seis casos con jurados, de los cuales dos son de allanamiento de morada y tres delitos contra la vida, y luego otro distinto. Además son allanamientos de morada normalmente violentos, es decir, donde no solo se han limitado a entrar y importunar a los moradores, sino que además ha habido lesiones y daños. Y esas lesiones y esos daños, que, técnicamente no son ámbito de competencia objetiva del jurado, por relación de concurso de delitos, los va a conocer también el jurado. - ¿Y las ocupaciones han crecido también en Sevilla en lo que va de año? - La ocupación solo se considera allanamiento de morada si efectivamente es morada. Si tú vives en Sevilla y tienes una casa en Matalascañas y te entran allí, puede ser un delito de coacciones, no allanamiento de morada. Por tanto no iría nunca un jurado, sino a una sección (juzgado) de instrucción. De todas formas, no creo que hayan aumentado el número de delitos de allanamiento de morada desde que empezó el jurado en 1995. Principalmente, porque lo que se ocupan no suelen ser moradas. Es decir, no es frecuente que una persona cuando vuelva a casa después de estar ingresada unos días en un hospital, se encuentre con su casa ocupada. Esto tiene que ver más con las noticias que se publican porque la noticia no es que un perro muerda a un hombre sino que un hombre muerda a un perro. El allanamiento de morada del tipo de que uno salga a hacer la compra y cuando vuelva esté ocupada su casa no es frecuente. Afortunadamente. En todo caso, habría que arbitrar soluciones legales de manera que esa situación se reponga a la mayor brevedad. Porque no es justo que, si te entran, por ejemplo, en tu casa, tengas que esperar 2 años para recuperarla. -En otros países europeos los desahucios son mucho más rápidos... -Lo que pasa es que aquí somos muy garantistas, afortunadamente, y el garantismo nos lleva a que antes de tomar decisiones drásticas demos la posibilidad de que la otra persona pueda presentar algún papel que justifique su situación en esa casa. No podemos matar moscas a cañonazos y se trata de equilibrar los bienes jurídicos. Pero no es fácil.