María Jesús Jurado Madueño: «He estado sola en un mundo de hombres pero he sido muy respetada»

Enamorada del mundo del caballo por tradición familiar, María Jesús Jurado Madueño, por todos conocida como 'Jesuli' fue la primera mujer jueza en la máxima categoría, A, a nivel nacional de Doma Vaquera, título que consiguió en 1978 . Estudió Magisterio y luego fue auxiliar de clínica aunque su gran vocación era ser veterinaria – algo que no pudo hacer por encontrarse la facultad en Córdoba, lejos de su pueblo, Dos Hermanas y no contar con el permiso de su madre-. Sin embargo, siempre estuvo junto a su padre con los caballos y la animó; él la preparó para que supiera todo, entre otras tareas, aparejar sola su caballo, y un día decidió competir. «Fui la primera mujer que entró en competición como amazona en la disciplina de doma vaquera y hubo momentos difíciles», señala. Hace más de 50 años todo era diferente y recuerda una ocasión, con 17 años, en la que le dijeron que de amazona no saliera a la pista y ella se empeñó y afirmó que «aunque me eliminasen saldría y así lo hice». Y es que algunos no concebían que ella lograra premios y puntuación más alta que un concursante masculino. Su preparación y su empeño por continuar en este mundo y dejar sentadas las bases para que las mujeres pudieran competir la llevó a formar parte del equipo que redactó el Reglamento para la doma vaquera y se ocupó de dejar reglada la forma femenina de participar. Posteriormente decidió obtener la licencia de jueza a nivel nacional, en Pineda, y también rodeada de hombres. De esta forma, fue pionera en la profesionalización que iba adquiriendo la disciplina para continuar siendo también la primera jueza de 'Faenas de Campo' – antiguamente ' Acoso y derribo' -. Sus compañeros de camino han sido personas tan reconocidas como los Peralta, Domecq, Rafael Jurado o Luis Ramos para los que, como comenta, «yo era una más y eso sí, no sólo ellos sino todos me han respetado. Mi padre me dijo que con respeto y seguridad en lo que hacía no tendría problemas y así fue». Reconoce que hacía lo que le gustaba y lo disfrutaba y nunca se sintió inferior por ser mujer dado que su nivel de preparación y destreza era alto. Por entonces no era consciente de cómo galopó para conseguir que la igualdad llegase a este mundo t an masculinizado . Hoy, echa la vista atrás, y casi no se lo cree aunque sí sabe que ha dejado abierto el camino a sus sucesoras.