Unir patrimonio, con historia y gastronomía es una mezcla perfecta para satisfacer, sobre todo, a los curiosos y amantes del dulce. En Coria se puede conseguir este objetivo cruzando la puerta de acceso al Convento de la Madre de Dios, un lugar sagrado con mucha historia y una arquitectura impresionante. Fundado en el siglo XIII por las Monjas Franciscanas y ubicado en un enclave envidiable como es dentro de la muralla en el casco histórico. Este Convento ha sido testigo de numerosos acontecimientos históricos, además de un refugio para aquellos que buscaban consuelo y guía espiritual. Su arquitectura refleja la influencia de diferentes estilos artísticos, desde el gótico hasta el barroco, lo que lo convierten en un lugar de gran belleza y valor cultural. No obstante, solo con pasear por la misma calle ya se augura su otro gran atractivo como es el olor a la mejor dulcería elaborada de manera artesanal por las propias monjas que residen en el Convento: Polvorones, corazones de San Francisco, pastas almendradas, magdalenas, galletas, bizcochos, merengues, brazos de gitano, yemas y perrunillas, entre otros, son las exquisiteces que las religiosas ofrecen.