Tres de cada cuatro conductoras en España denuncian situaciones de discriminación

La carretera sigue siendo un escenario de desigualdad para las mujeres en España. Según los últimos datos extraídos de un estudio sobre la realidad de las conductoras, el ruido de los estereotipos sigue pesando más que la evidencia técnica. Una amplia mayoría de las usuarias afirma sufrir con frecuencia gestos discriminatorios, que van desde miradas de juicio hasta insultos, bocinazos injustificados o comentarios despectivos por el mero hecho de su género. Este fenómeno no solo se queda en el asfalto. El entorno cercano también juega un papel crucial en la perpetuación de estos mitos. Un 36% de las encuestadas reconoce haber recibido bromas sobre su forma de conducir por parte de familiares o amigos, una situación que, lejos de ser anecdótica, afecta directamente a la seguridad vial: un 35,4% de ellas admite que estos comentarios han llegado a minar su autoestima o su confianza al volante, lo que puede derivar en una conducción más dubitativa o estresante. Los datos analizados por el Observatorio de Movilidad de Midas arrojan una contradicción flagrante entre la opinión pública y las estadísticas oficiales. Mientras que el 15% de la población mantiene la creencia de que las mujeres se estresan más al conducir —atribuyéndolo en gran medida a la carga de responsabilidades familiares—, las cifras de la Dirección General de Tráfico (DGT) cuentan una historia muy distinta. Los hombres concentran un porcentaje significativamente mayor de accidentes con víctimas y de infracciones graves, lo que desmiente el mito de la peligrosidad o la falta de pericia femenina. Sin embargo, el sector de la automoción en su conjunto parece arrastrar todavía inercias del pasado. El 61,2% de las mujeres percibe algún tipo de trato diferenciado en los entornos profesionales del motor. Por ejemplo, en los talleres mecánicos, un 31,5% de las usuarias señala haber experimentado actitudes paternalistas o dudas sobre sus conocimientos técnicos. Esta sensación de ser «cuestionada» se repite en los concesionarios (22,8%), donde en ocasiones la comunicación comercial se dirige prioritariamente al acompañante masculino, ignorando que, según informes de consultoras como PwC, las mujeres ya toman la decisión de compra en casi la mitad de los vehículos nuevos vendidos en España. Uno de los puntos más reveladores del estudio es la persistencia de la idea de un diseño segregado. Casi el 30% de los españoles cree que deberían existir vehículos específicos para el público femenino. Las razones aducidas para ello no se basan en la ergonomía, sino en el prejuicio: el 76,7% de quienes apoyan esta idea lo justifica bajo el argumento de que ellas conducen «con más miedo». Al profundizar en las características que debería tener este supuesto coche, los encuestados citan elementos como protecciones anti-arañazos, diseños más ligeros o incluso guanteras más amplias para cosméticos, relegando la potencia o el rendimiento a un interés puramente masculino. Solo un 11,7% considera que una conductora podría estar interesada en las prestaciones del motor. A pesar del diagnóstico, el sector comienza a ver brotes de optimismo. Casi la mitad de las conductoras (47,5%) ya se siente igual de valorada que sus homólogos masculinos en su entorno más cercano. Además, figuras de relevancia internacional en el automovilismo de competición, como la piloto Cristina Gutiérrez, subrayan la importancia de estos análisis para romper techos de cristal. «La igualdad también se construye con referentes y visibilidad», afirma Gutiérrez, destacando que el talento y la preparación no entienden de géneros. El reto para los próximos años no reside en las capacidades de las conductoras, ya demostradas por las estadísticas de siniestralidad, sino en la erradicación de una cultura vial que todavía hoy, en pleno 2026, sigue utilizando el género como una herramienta de juicio en el espejo retrovisor.