Son las 9 y media de la mañana del viernes 6 de marzo y al llegar a la entrada principal del Colegio María Assumpta de Noia (A Coruña) ya es evidente la expectación que se ha generado por el evento organizado con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer. No tanto por la presencia de periodistas como el que escribe y otros colegas de la prensa escrita, sino por la llegada de las que van a ser protagonistas de una mesa redonda en la que su experiencia vital va a servir de lección de historia y también de vida, para los jóvenes estudiantes de la ESO. Y es que con motivo del 8M, los estudiantes de oratoria de 3ª de la ESO han organizado un encuentro único en el que cinco abuelas de otros tantos alumnos, Sinda, Carmen, Mari Carmen, Carmen y Maruja, van a compartir sus historias de vida, impartiendo una lección magistral sobre el esfuerzo, el trabajo y los derechos conquistados por las mujeres durante los últimos 50 años. Unos derechos que eran bien distintos a los que tienen las mujeres en la actualidad cuando estas cinco mujeres eran adolescentes y contaban con apenas 20 años, en una juventud muy alejada de la que disfrutan los y las adolescentes hoy en día y que comparten nuestras cinco protagonistas. Sinda confiesa que se casó "muy joven, con 20 años, algo que hoy no haría", y tuvo su primera hija con 21. "Es una responsabilidad muy grande con veintiún años, una vida, un proyecto", reflexiona. Una experiencia común, como confirmó Mari Carmen, quien asintió al escucharla: "Me casé con 21 años y a los 26 ya había tenido tres hijos". Para todas ellas, el trabajo fue una constante desde la niñez. Mari Carmen empezó a trabajar a los 14 años como mariscadora, tras haber dejado el colegio para poder cuidar de sus hermanos gemelos primero y ayudar en la casa donde había que cuidad de las personas mayores de su familia. Por su parte, Maruja dejó los estudios incluso antes, a los 10 años. "Me casé con 17 años, tuve una nena con 19, fui a Alemania, trabajé duro...", rememora sobre una vida de sacrificio. Así, el mensaje principal de las cinco mujeres que rondan os 70 años para los adolescentes es unánime: hay que aprovechar las oportunidades que ellas no tuvieron. "Que estudien, que se preparen", insiste Mari Carmen, explicando que ellas apenas pudieron terminar los estudios primarios. "No tuvimos la oportunidad de estudiar", lamentó, tras lo que se dedicó a la costura y al marisqueo. A este consejo, una de las Carmen del grupo añade la importancia de los valores: "Que sean responsables, honestos y que respeten". Otra Carmen, por su parte, reivindica la felicidad que siempre encontró en el trabajo físico en el campo. "Soy la mujer más feliz de la parroquia de Reis", afirmó con orgullo, explicando que sigue trabajando la tierra, "de hecho esta tarde voy a apañar grelo y ayer sembré patatas", y que el día que no pueda hacerlo, "adiós, Carmen". Maruja protagonizaba uno de los relatos más gráficos sobre la dureza de otros tiempos, recordando que "antes no había Cáritas para ir a buscar un kilo de arroz". Su testimonio es tajante y directo a los jóvenes: "El que quería comer, tenía que trabajar". Recordó cómo su padre cavaba en el monte en pleno invierno y ella, siendo una niña, le ayudaba mientras él comía para poder cultivar el trigo. A pesar de las dificultades, todas coinciden en una cosa: fueron felices trabajando y lo son ahora echando la vista atrás. Así, la mesa redonda organizada por los estudiantes de oratoria de 3º de la ESO del Colegio María Assumpta de Noia se convirtió en un valioso testimonio de que el camino hacia la igualdad y la conquista de derechos no ha sido fácil para las mujeres y de que el progreso actual se ha construido sobre el esfuerzo de generaciones de mujeres como ellas, un ejemplo de resiliencia y vitalidad.