Séfora Vargas, la abogada gitana que encuentra en un mercadillo la señal para retomar su carrera

La abogada y activista sevillana, Séfora Vargas, se ha convertido en una voz imprescindible en la lucha por los derechos del pueblo gitano. En el marco del Día Internacional de la Mujer, Vargas encarna el espíritu de resistencia y superación, sirviendo de inspiración para las nuevas generaciones que, a diferencia de ella, hoy sí cuentan con referentes. “Cuando yo era pequeña o adolescente no tenía referentes universitarios”, ha recordado Vargas. Su generación tuvo que crear “de la nada una nueva forma de sentir y de vernos como mujeres gitanas, que era estudiar”, un camino que, según sus propias palabras, costó sangre, sudor y lágrimas debido a la incomprensión y los prejuicios tanto de su propio pueblo como de la sociedad mayoritaria. La historia de superación de Séfora Vargas tiene un punto de inflexión en una anécdota que ella misma califica como “una de las más bonitas de mi vida”. Tras iniciar la carrera de Derecho en 1998, se vio obligada a abandonarla cuando apenas le quedaban unas pocas asignaturas y estuvo ocho años apartada de la universidad. Cuando decidió retomarla, los cambios en los planes de estudio la obligaron a aprobar 43 asignaturas nuevas. “Fue terrible”, ha reconocido. Durante ese tiempo trabajó en la venta ambulante y continuó su activismo por los derechos de las mujeres gitanas. Fue en un mercadillo donde se encontró con don Alfonso, su antiguo profesor, quien tras reconocerla le dijo: “Esto es un trabajo muy digno, pero tú has nacido para mucho más”. “Aquellas palabras resonaban en mi cabeza día y noche”, recuerda Vargas. Ese mensaje fue el impulso definitivo para volver a la universidad. “Gracias a don Alfonso, hoy puedo decir que fue quien me obligó a retomar los estudios”. Séfora ha afirmado en varias ocasiones que el mayor desafío de una mujer gitana es ser libre, una reflexión que ha plasmado en su libro, titulado precisamente El precio de la libertad. Según la abogada, conquistar esa libertad “ha costado sufrimiento, angustia, cancelación, crítica, muchísima incomprensión y además mucha discriminación”. Para ella, la libertad no es una ideología, sino algo práctico que debe llevarse a cabo. Su lucha ha consistido en no permitir que ninguna limitación, ya fuera interna de su cultura o externa de la sociedad, definiera su identidad o le impidiera vivir “como una mujer gitana libre y no sentir remordimiento ni miedo”. Tras preguntarle por la bandera por la que seguiría luchando, Vargas ha elegido sin dudar la de su pueblo. “Me identifica mucho”, ha señalado, explicando el simbolismo de sus colores: el azul del cielo como símbolo de libertad y el verde de la tierra como símbolo de esperanza. Más allá de cualquier enseña, la activista ha concluido con un mensaje de unión. Para ella, los valores que deben definir el futuro son “el amor, la comprensión, la solidaridad y la interculturalidad” entre todas las mujeres, construyendo así un legado colectivo de apoyo mutuo.”