Las Kellys claman contra su precariedad: "Jornadas de 12 horas y sueldos de 1000 euros"

La situación laboral de las camareras de piso, conocidas popularmente como Las Kellys, continúa anclada en la precariedad. A pesar de ser una pieza fundamental en el sector turístico, uno de los pilares económicos de Cataluña y de toda España, sus reivindicaciones para conseguir unas condiciones dignas siguen más activas que nunca. Las altas cargas de trabajo, los problemas de salud derivados y los sueldos insuficientes marcan el día a día de un colectivo que denuncia sentirse invisible y maltratado por una industria que no sería nada sin ellas, especialmente durante las temporadas altas. Uno de los principales focos de conflicto reside en la jornada laboral. Según denuncia Vania Arana, integrante de una asociación de Kellys en Barcelona, la práctica habitual esconde una sobrecarga sistemática. "En vez de hacer una jornada de 40 horas laborales, hacemos una jornada de 30, de 35, pero tenemos una carga máxima de más de 40 horas semanales", explica Arana. Esta diferencia, lejos de ser compensada legalmente, se abona de manera irregular. Esas horas extra "se están pagando en negro", o como se dice ahora, "en B". Esta economía sumergida no solo defrauda a la seguridad social, sino que perpetúa unos salarios bajos. El sueldo medio de una camarera de piso en Cataluña se sitúa en torno a los 1.000 euros mensuales, una cifra que solo alcanzan quienes pueden trabajar más de ocho horas. Arana asegura que un aumento en la nómina es prácticamente imposible, ya que obligaría a las empresas externas a regularizar la situación. "Si te llegaran a pagar todas esas horas, pasarías de 1.400 euros, pero no se hace", lamenta. En los picos de trabajo del verano, las jornadas pueden extenderse hasta las 9, 10, 11 e incluso 12 horas diarias. La consecuencia más grave de esta sobrecarga de trabajo es el grave impacto en la salud de las trabajadoras. La situación ha llegado a un punto crítico en el que Vania Arana afirma sin rodeos que ya son "un colectivo enfermo". Esta percepción no es subjetiva, sino que se apoya en datos preocupantes que reflejan una realidad alarmante y sistemática. Un estudio reciente, del año pasado, confirma la magnitud del problema. Según los datos que maneja la asociación, la cifra es devastadora. "El 90 por 100 de las compañeras sufren una enfermedad crónica", denuncia Arana. Concretamente, el informe revela que "el 90 % de todo nuestro colectivo que se dedica a la limpieza, ya sufre de una o más enfermedades crónicas". Este dato ha llevado a la asociación a solicitar el reconocimiento de la jubilación anticipada. Entre las dolencias más comunes se encuentran las cervicalgias y los problemas en la columna vertebral. Sin embargo, el reconocimiento de estas como enfermedades profesionales es una batalla constante contra las mutuas. "Las mutuas te dicen que eso te lo has hecho porque estás trabajando, pero que es por tu forma de trabajo", critica Arana, señalando que se culpa a la empleada. Hay casos de trabajadoras con lesiones graves, como en el hombro, que las incapacitan para trabajar y las obligan a someterse a múltiples operaciones que finalmente asume la Seguridad Social. El perfil mayoritario del sector es abrumadoramente femenino, superando el 95 % de la plantilla. Al pedirle una imagen que defina a la trabajadora, Vania Arana utiliza una metáfora cargada de dureza y simbolismo que resume el estado físico y anímico del colectivo: "Yo creo que seríamos como esas muñecas rotas que se van parchando". Esta imagen de la "muñeca rota", recompuesta con diferentes retales, simboliza un cuerpo castigado al que se intenta mantener funcional a base de fármacos. Arana revela una práctica que refleja la desesperación diaria: "La medicación entre nosotras fluctúa como si fuera pan". Se trata de un retrato que expone no solo el desgaste físico, sino también el peaje emocional de vivir en una precariedad cronificada. Finalmente, otro de los problemas que afronta el sector es la contratación irregular. Aunque se intenta que todas las personas trabajen con documentos, existen casos de trabajadoras "sin papeles". Esta práctica, según Arana, "se da más fuera de Barcelona, en hoteles más bien medios y pequeños donde se puede esconder a la trabajadora". No obstante, recuerda que hace años descubrieron trabajadoras en situación irregular en "un hotel de prestigio" en el centro de Barcelona. Sin embargo, esta situación es mucho más frecuente en el ámbito de las casas particulares. La dificultad para que un empleador particular asuma el coste de la Seguridad Social por unas pocas horas de limpieza o la contratación de internas 24 horas fomenta esta irregularidad. Arana señala que "el Estado no facilita esta contratación" y, si se hiciera de forma legal, "saldría carísimo" para las familias. Una traba más en la lucha de un colectivo que sigue peleando por lo más básico: dignidad, salud y un trabajo justo.