Carlos Rey (UIC): “El gran reto de la IA es saber si te apoya o te sustituye”

La inteligencia artificial (IA) se ha instalado en el presente de las organizaciones, pero la pregunta clave sigue siendo cómo ponerla al servicio de las personas. Sobre esta cuestión reflexiona el 11.º Simposio Internacional Empresas con Rostro Humano, que se celebra este jueves en Palma bajo el lema “Inteligencia artificial con propósito”. Carlos Rey, fundador de la iniciativa, analiza los retos que esta tecnología plantea al liderazgo y al sentido vital de las personas. El objetivo es reflexionar sobre un impacto que aún está por llegar, porque “lo que todavía no ha llegado realmente es el impacto que la IA va a tener en el sentido vital de las personas”. Rey establece una comparación con la Revolución Industrial para explicar el impacto de la IA, distinguiendo entre el concepto de herramienta y el de máquina. Mientras que una herramienta “nos ayuda a hacer las cosas”, una máquina “nos desplaza”. El experto señala que con la IA este desplazamiento ya no es físico, sino cognitivo, lo que conlleva riesgos mucho mayores. Para el director de la Cátedra Dirección por Misiones y Propósito Corporativo de UIC Barcelona, el mayor peligro reside en la pérdida de autenticidad, ya que “el conocimiento es auténtico cuando está conectado con nuestro corazón”. Advierte de que con la IA “podemos sonar muy bonitos, hacer mails fantásticos, hacer informes maravillosos, pero que no son auténticos, no eres tú”. Pese a los riesgos, Rey también ve una oportunidad, ya que la IA “también te puede ayudar en ese proceso incluso de introspección interna”. La tecnología, afirma, puede servir para hacerse buenas preguntas. Todo depende de si se usa como un apoyo o como un sustituto: “¿Te apoya, te ayuda o te sustituye, te desplaza? Ahí está el gran reto”. Preguntado por cómo una pyme puede empezar a usar la IA con sentido ético, Rey ofrece un consejo práctico. Recomienda entrenar a los agentes de IA no solo con la tarea a realizar, sino con los valores de la organización, aunque reconoce que a la tecnología “le cuesta un poquito todavía” no mentir. El profesor pone un ejemplo de instrucción: “Quiero que me hagas esto pensando en la justicia o en una dimensión de servicio”. Según explica, así la IA responde en base a los propios valores y permite al usuario “evaluar si lo que está haciendo es tuyo o no es tuyo”, y discernir si la herramienta ayuda o desplaza. Finalmente, Rey subraya que la clave de un trabajo con propósito es “hacerlo con amor”, conectando el sentido personal con el de la empresa. Por ello, considera fundamental que el desarrollo de la inteligencia artificial deje siempre espacio “a la dimensión personal, a la reflexión y a la interacción entre las personas”.