Un nuevo ataque de buitres a una vaca que se encontraba de parto ha vuelto a encender las alarmas en la comarca de Las Merindades (Burgos). El suceso, que tuvo lugar el pasado 28 de febrero en una explotación de vacas Angus en el Valle de Mena, se saldó con la muerte tanto de la madre como del ternero que estaba naciendo. El propietario, Víctor Álava, relata la crudeza de la escena: "A ambos animales se le veían los huesos tras las mordeduras. Fallecieron desangrados poco después. Es espantoso". Según el testimonio del ganadero, una bandada de unos cincuenta buitres, atraídos por el olor de la placenta, se lanzaron sobre la res. "Terminaron de extraer con el pico al becerro que estaba naciendo", detalla Víctor Álava. Los animales quedaron agonizantes hasta que fallecieron horas después, mientras al menos cinco de las aves carroñeras fueron sorprendidas por el propietario con la cabeza y el tronco cubiertos de sangre. Desde la organización agraria COAG denuncian que estos ataques se están volviendo sistémicos en la zona. Su portavoz en Espinosa de los Monteros, Verónica Peña Marcide, explica que, aunque los buitres son teóricamente necrófagos, "la realidad nos está diciendo otra cosa". La principal exigencia de COAG es que se establezcan ayudas compensatorias, ya que, como insiste Peña, "los buitres son tan depredadores como el lobo", una afirmación que, aseguran, ya cuenta con el aval de numerosos científicos. Los propios ganaderos afectados lo corroboran: "Los buitres tienen que comer. Si no hay muladares ni cadáveres en el campo, tendrán que atacar en las granjas". Además, alertan de que "estas aves aprenden" y cada vez vigilan más a los animales vulnerables. A diferencia de los ataques de lobo, que sí cuentan con una línea de compensación por parte de la Junta de Castilla y León si un informe de la guardería forestal lo verifica, los ataques de buitres no tienen ninguna cobertura. Esto supone un grave golpe económico y moral para los ganaderos, cuya única alternativa es un seguro privado que ronda los 1.300 euros anuales. "El problema es el trauma o cómo gestionas tú el ver ese animal agonizando", lamenta la portavoz de COAG. La situación se agrava por la fuerte presencia del lobo en la comarca. Verónica Peña aporta datos de la administración: solo en la zona norte de Burgos, se registraron 140 casos de ataques de lobo en 2025, y en lo que va de 2026 ya se superan la treintena en la unidad veterinaria de Espinosa. "Ayer mismo, en el Valle de Mena, un chaval se encontró todas sus ovejas muertas y el lobo grabado cómo se marchaba", ejemplifica. Muchos ataques no se materializan en un expediente porque el animal desaparece o los restos son insuficientes para certificar la causa. Por ello, desde COAG lanzan una petición clara. Verónica Peña anima "a todo el mundo que cuando tenga alguna situación de este tipo, tiene que comunicar a la guardería forestal y que sea al SEPRONA, que se abra un informe de daños, para que eso quede todo constatado y que la administración tenga constancia de ese tipo de ataques".