El botiquín de casa, ese recurso al que se acude con prisas ante una fiebre de madrugada, un corte inesperado o una reacción en la piel, a menudo contiene más dudas que soluciones. Para abordar este problema, la farmacéutica María Martín Molina, cotitular de la Farmacia Eloísa Molina en Málaga, ha explicado en COPE Málaga la importancia de mantener un ‘botiquín 360’. Este concepto busca transformar este cajón olvidado en una herramienta de salud eficaz y segura para el día a día. Según la experta, la realidad de la mayoría de los botiquines domésticos es preocupante. Es habitual encontrar en ellos productos caducados, cajas empezadas y fármacos que nadie en la familia recuerda para qué sirven. Frases como “esto me lo mandaron una vez” o “lo guardo por si acaso” son un clásico en los hogares, según relata Martín Molina. Esta desorganización lleva a una situación alarmante que la farmacéutica resume con un dato contundente: “más del 40 por 100 de los medicamentos que guardamos en la casa ya no deberíamos ni usarlo”, advierte. El objetivo del ‘botiquín 360’ es, precisamente, combatir esta tendencia y que nadie tenga que decir la habitual frase de “no tenía nada en casa” en un momento de necesidad. Este modelo de botiquín, explica la especialista, “no se improvisa”. Al contrario, “es el que está pensado para el día a día real en nuestra casa, pues una fiebre de madrugada, un corte tonto, una reacción en la piel, un niño con dolor de tripa”, detalla la farmacéutica. Se trata de una herramienta de prevención y tranquilidad. Para construir un botiquín bien equipado, la especialista enumera una serie de elementos básicos e imprescindibles. En primer lugar, no puede faltar material de cura que haya sido bien revisado, como gasas o tiritas, junto a un termómetro que funcione correctamente, ya que muchos de los que se guardan en casa no lo hacen. Junto al material de cura, es clave disponer de analgésicos y antipiréticos, como el paracetamol o el ibuprofeno, asegurándose de que sean adecuados para la edad de cada miembro de la familia. También es fundamental incluir algo para el estómago, suero oral para casos de deshidratación y productos para tratar afecciones de la piel como reacciones alérgicas, quemaduras o picaduras. Finalmente, el botiquín debe ser personalizado. “No es lo mismo el botiquín de una casa con niños pequeños al de una persona mayor que tenga una medicación crónica”, subraya Martín Molina. Por ello, debe incluir los tratamientos específicos que pueda necesitar cada persona, como medicación para la alergia u otras patologías. Con la llegada del buen tiempo, el botiquín debe adaptarse. En este contexto, Martín Molina recomienda añadir protección solar, repelente de insectos y productos específicos para rozaduras y quemaduras solares. “El botiquín también sirve para prevenir, no solo para curar”, insiste la experta. Uno de los mayores riesgos asociados a un botiquín desorganizado es la automedicación. Según la farmacéutica, el error que ocupa “el puesto número 1” es automedicarse con lo que sobró de otra vez. Afirmaciones como “me tomé esto la otra vez y me fue bien” o “me han dicho que esto es bueno para” son prácticas muy peligrosas que se deben evitar a toda costa. Esta costumbre, unida a la falta de revisión, provoca que, según los cálculos de la experta, “la mitad de los medicamentos que guardamos en la casa están caducados o mal conservados”. Esta situación no solo implica que los fármacos no sean efectivos, sino que, como alerta Martín Molina, “puedan ser hasta peligrosos” para la salud. El peligro de la medicación incorrecta se extiende también a las mascotas, un error cada vez más consultado en las farmacias. Martín Molina advierte que la equivocación más común es darles medicamentos humanos. “Cometemos mucho eso de ‘no pasa nada si es poca cantidad’ y no es así, es lo mismo de peligroso”, explica, ya que “lo que es bueno para nosotros no tiene por qué serlo para tu perro”. Para garantizar la eficacia y seguridad del botiquín, es crucial una revisión periódica. La recomendación de la experta es clara y fácil de recordar: debe hacerse “mínimo dos veces al año, igual que el cambio de armario”. Este simple gesto, que apenas lleva diez minutos, consiste en desechar lo caducado y reponer lo que sea necesario para evitar sustos. Otro aspecto fundamental es el lugar de almacenamiento. Contrariamente a la práctica habitual de la mayoría de personas, el botiquín no debería guardarse ni en la cocina ni en el baño. La razón es que “el calor y la humedad estropean los medicamentos”, por lo que estos espacios son los menos indicados para su correcta conservación. El lugar ideal, según la farmacéutica, es un espacio fresco y seco, que además esté fuera del alcance de los niños. También es importante que esté bien ordenado y sea visible, para no olvidar lo que se tiene y, sobre todo, para poder localizarlo fácilmente en caso de una urgencia. En definitiva, el botiquín no es un simple cajón, sino una herramienta de salud esencial que debe ser actualizada y adaptada a las necesidades de cada familia. Tal como concluye la farmacéutica, es una inversión en tranquilidad, ya que “es mejor tenerlo y no usarlo, que necesitarlo y no tenerlo”. Su consejo final es claro y directo: “Botiquín revisado, sustos evitados”.