Pablo Pérez tiene 32 años y un contrato predoctoral en una universidad madrileña. Su novia, un poco más joven, trabaja en una empresa de energía solar. Sin embargo, no les llegaba para independizarse en un piso de la capital. "Ha sido imposible por el precio. Madrid se ha vuelto loco. Además, las agencias te piden que ganes el triple del alquiler que pagas". Desde hace año y medio ambos viven en una habitación de un piso compartido del céntrico distrito de Arganzuela. Pagan 750 euros al mes. Son en total seis personas, incluida otra pareja, todos "trabajadores jóvenes".