"Me golpeaban si no hacía lo que me decían. Me obligaban a salir a la calle a mendigar y abusaban de nosotros cuando nos llevaban a trabajar en el campo. Las palizas eran constantes. Nunca me sentí a salvo". Huir fue la única forma de sobrevivir. Mamadou Sarr –nombre ficticio– lo supo siendo apenas un niño. El 13 de diciembre del año 2022 dejó Senegal cargando a la espalda una historia invisible, pero recurrente: la de miles de menores senegaleses que crecen atrapados en la violencia y el abuso mientras permancen encerrados en una escuela coránica. Su huída lo llevó hasta Marruecos, hacinado en una guagua que lo alejaba de todo lo que conocía y lo empujaba hacia un viaje desesperado que llevó a cabo a través de la ruta atlántica, considerada la más letal del mundo.