La agonía de Agama

El cierre de Agama es sólo el final de una larga agonía que se inició hace una década. Hemos tenido que llegar hasta aquí para ver como el Grupo Damm ha desmantelado la central lechera, ante la pasividad de todos. Ahora ya no valen lamentaciones, ni por parte del Govern, ni por parte de los consumidores, que le han ido dando la espalda a todos los productos lácteos que salían de su fábrica, eso sí, cada vez menos y en menor cantidad. En estos años, el número de trabajadores ha pasado de 300 a 14, mientras que la desidia y el abandono de sus propietarios ha sido total, hasta el punto de que maquinaria que se rompía, maquinaria que no se reemplazaba. Ha sido un camino directo hacia el precipicio, en el que de nada han servido las ayudas europeas destinadas a garantizar el empleo y la sostenibilidad, las promesas realizadas y jamás cumplidas y el futuro de tres explotaciones ganaderas, sin que nadie haya dado explicaciones, por lo que si algo ha quedado claro es que los compradores de Comercial Bordoy sólo querían quedarse con la distribución, como así ha sido.