Kike, mecánico: "El dueño del taller puede llegar a facturar hasta un millón de euros, la rentabilidad ronda el 20%; he trabajado hasta las 12 de la noche y en domingo, pero forma parte del juego"

Un taller mecánico puede alcanzar una facturación de entre medio millón y un millón de euros anuales con una rentabilidad neta para el dueño de en torno al 20%. Así lo ha desvelado Kike, un conocido mecánico y empresario, en una entrevista concedida al youtuber Adrián G. Martin. Kike asegura que estas cifras son posibles gracias a un modelo de negocio disruptivo y a una gestión eficiente, aunque reconoce los sacrificios que implica. "He trabajado hasta las 12 de la noche y en domingo, pero forma parte del juego", afirma en el canal @AdrianG.Martin. La clave del negocio de Kike es un modelo "low cost" que él mismo implementó en el sector de la mecánica, inspirado en los negocios de Estados Unidos. En lugar de esperar grandes trabajos, su estrategia se basa en el volumen de trabajo. "Será más interesante que estar esperando que venga un gran trabajo, ¿no?", reflexiona. Este enfoque le permite ofrecer precios muy competitivos, como cambiar una distribución por 325 euros, sin sorpresas. "Mi low cost no tiene letra pequeña", sentencia. Para lograr esa rotación y eficiencia, Kike se inspiró en la cadena de comida rápida McDonald's. Ha creado un sistema donde cada empleado es especialista en una tarea concreta, como si fuera una cadena de montaje. "Tengo una persona que solo hace distribuciones, [...] otra persona que hace embragues, otra persona que hace aceites y la persona que se dedica a la logística del taller", detalla. Este engranaje perfecto permite que todos los coches salgan reparados cada día, maximizando la productividad de cada metro cuadrado del taller. El camino hasta consolidar su empresa no ha sido fácil. Kike relata que tuvo una vida complicada hasta los 37 años, pero un día decidió cambiar de rumbo y perseguir su sueño de ser empresario. Tras un breve periodo como empleado, se dio cuenta de su potencial: "Si se lo estoy llevando a esta persona, ¿por qué no puedo llevarlo para mí mismo?". En verano de 2015, con 3.000 euros que le prestó su madre y el apoyo de su mujer, montó su primer taller con apenas "un elevador, una caja de herramientas y el pago del alquiler". Los comienzos fueron especialmente duros. Kike confiesa que en esa época "mi mujer y yo comíamos una vez al día para que mis hijos pudieran comer, porque no teníamos dinero". Sin embargo, considera que esas dificultades son las que le han permitido valorar lo que ha logrado. Para él, el éxito no es otra cosa que "ser feliz" y tener todo lo que quiere, algo que ha conseguido a base de esfuerzo y de cuidar sus negocios y, sobre todo, a su familia, a quien considera la clave de su estabilidad personal. A pesar del éxito de su negocio, Kike se enfrenta a un gran desafío: la dificultad para encontrar buenos empleados. Considera que "la juventud es que no va, es que no va ni de estudiar ni de trabajar". En su opinión, las redes sociales han creado una perspectiva distorsionada sobre el mundo laboral, donde los jóvenes "se creen que pueden ser influencers" en lugar de apostar por oficios clásicos como la mecánica, la carpintería o la construcción, lo que complica encontrar mano de obra cualificada en España. El empresario cree que el problema radica en una falta de vocación generalizada. "Buscan trabajo para ganar dinero, que me parece bien, pero ya no buscan ese oficio, no tienen vocación", lamenta. Kike se define a sí mismo como un mecánico por vocación, un sentimiento que echa en falta en las nuevas generaciones. Por eso, aboga por "un replanteamiento de lo que es la formación profesional" para reorientar a unos jóvenes que, a su juicio, "están muy confundidos con lo que es su proyecto de vida". Finalmente, Kike se muestra en desacuerdo con otros colegas de profesión que se quejan de la dureza del sector. Aunque respeta su punto de vista, él lo ve de otra manera: "Creo que los que tenemos talleres somos privilegiados, porque es nuestra vocación, y creo que es así como hay que verlo, como una recompensa, no como un problema". Su filosofía le ha llevado a romper el mercado, lo que le ha generado críticas y "reseñas falsas" de competidores, algo que no le preocupa: "Es que me da igual, lo que me importa soy yo y mi familia", concluye.