Un profesor español, enfadado con lo que hacen los padres de muchos alumnos cuando sus hijos están enfermos: «Es difícil de entender»

Los límites de la responsabilidad de los profesores resuena con fuerza una vez más en las plaformas de digitales, con un debate tan antiguo como las propias clases de matemáticas o geografía. Y es que Alejandro Mesa, maestro catalán con una amplia trayectoria en distintos niveles educativos y contextos sociales, ha querido contar en las redes la experiencia vivida en su escuela infantil de Dublín, Irlanda. Conocido en Instagram y Tik Tok como @buenosdiasporcierto, el docente asegura que, tras su paso por primaria, educación para adultos en Japón, y voluntariado con refugiados, nunca había enfrentado un reto tan exigente como la que vive en la enseñanza infantil. En un vídeo reciente, el docente y creador de contenido ha denunciado lo que considera «una de las faltas de respeto más grandes» que ha vivido como profesor: la desconfianza de algunos padres cuando se les comunica que su hijo está enfermo. «He llamado a familias para avisar de fiebre o malestar, y en lugar de agradecer la preocupación, se enfadan o dudan de nosotros», lamenta en la grabación. El educador, que lleva más de un año trabajando en Irlanda con niños de entre uno y cinco años, relata que la situación se repite con frecuencia. «Hemos tenido casos en los que los padres exigían pruebas y hasta pedían que les mostrásemos con un termómetro que su hijo realmente tenía fiebre», explica. Cuenta que en una ocasión, una madre pidió comprobar personalmente la temperatura del bebé antes de aceptar llevárselo a casa. «¿En qué cabeza cabe que un maestro va a inventarse que un niño está enfermo?», se pregunta en el vídeo. El profesor recuerda que el aviso a las familias responde a una cuestión de salud y de responsabilidad. «Lo hacemos por el propio niño -que puede necesitar descansar o atención médica- y por el resto de compañeros, para evitar contagios». En la etapa infantil, las enfermedades respiratorias y víricas se transmiten con facilidad, y exponer a menores enfermos al aula incrementa el riesgo para otros alumnos y docentes. Mesa reflexiona que el enfado de algunos padres quizá no se deba a la desconfianza, sino a la dificultad de conciliar el trabajo con el cuidado de los hijos. «Sé que es muy difícil de entender, pero por favor, no carguéis las cosas con los profesores, con los maestros, y en general con nadie», concluye.