Reconoció el entrenador de Osasuna, Alessio Lisci, en la víspera de viajar y jugar ayer contra la Real Sociedad en Anoeta, que los dos partidos anteriores contra el conjunto donostiarra, uno en Liga y otro en Copa, habían sido “las dos noches más duras del año”. Admitió que por este motivo, exclusivamente deportivo, había ganas de revancha, tanto por parte del propio técnico como de los jugadores, heridos en su orgullo. Pero nada más lejos de la realidad, ya que el cuadro navarro vivió, sin duda, su tercera noche más dura del año que, de momento, le aleja de la pelea por Europa y, eso sí, le mantiene con un amplio colchón con la zona de descenso, pese a que su distancia se ha reducido de nueve a ocho puntos.