El refranero es una fuente de sabiduría popular que da sentido a muchos aspectos de nuestra vida. Un ejemplo: 'Cuando se cierra una puerta, se abre una ventana'. En el caso de Nuria Marín , al cerrar su etapa como presentadora en Telecinco lo que se le ha abierto es un ventanal con espléndidas vistas que le permite respirar una libertad que no imaginaba: «Ahora no voy al dictado de un guion que me han escrito. Yo decido, puedo hablar de lo que quiera y hacerlo a mi estilo. Me gusta informar y entretener, combinar el periodismo con el petardeo. Y soy consciente de que mi comunidad, que ya suma cuatro millones de seguidores, busca integridad, honestidad. Yo no me caso con nadie. Si hay una polémica, reflexiono antes de explicar la noticia y editorializar sobre ella porque quiero ser justa». A Nuria le gusta hablar de 'salseo' para definir el contenido del género «porque se ha democratizado la prensa de corazón y ahora toca todos los campos, desde el deporte hasta los 'influencers'. Cualquiera puede opinar de los salseos, por eso se hacen virales.» Precisamente, sobre la polémica de las invitaciones a los Goya, que vivió de cerca como reportera en RTVE, la periodista tiene claro que «la validación se hace por seguidores, pero eso no necesariamente te capacita para hablar de ciertos temas. Se ha enaltecido a los 'influencers' -es verdad que dan titulares en la alfombra roja, pero no deberían ser los protagonistas- en detrimento de los profesionales, en este caso actores con trayectoria que merecían estar allí». Aprovecha para pedir autocrítica a los medios tradicionales: «Si ahora los famosos dan más titulares en los pódcasts es porque saben que nadie va a manipular sus palabras para favorecer el 'clickbait'. No hay intermediarios entre ellos y la audiencia. Además, creo que no son conscientes de que esos espacios se ven o se escuchan más de lo que creen y entonces están más relajados». Ahora es la propia Nuria quien protagoniza titulares con su boda tras 25 años de relación con el guionista de origen italiano Juan Luis de Paulis: «Nos conocimos con 19 años. Somos muy diferentes, pero respetamos nuestro espacio y la independencia del otro. Ahora nos casamos como mero trámite burocrático. Ya tenemos el notario, pero no vamos a celebrar la boda porque me da pereza. Y prefiero usar el dinero para comprar una casa y hacer reforma». La pareja ni siquiera tiene prevista una luna de miel: «Ya nos iremos de viaje en vacaciones, aunque a lo mejor yo sí hago una escapada sola. Somos así de raros», bromea. El tema de la maternidad, que tanta ilusión le hacía, ha quedado descartado: «Hay que aceptar la vida tal y como viene». En el amor, reconoce tener un lado romántico: «Después de tantos años a veces sientes que lo descuidas, pero trato de sorprenderle porque a él le encantan las sorpresas». A pesar de ello, no es tan detallista como quisiera: «Soy un poco descuidada. Pienso en hacer algo, pero luego se me olvida. Eso sí, a los míos los cuido. Si les pasa algo, estoy para ellos». Se considera «muy disciplinada. Me organizo todo y si digo que voy a hacer algo, cumplo con mi palabra. En ese aspecto tengo mentalidad militar». Pero le gustaría relajarse un poco más: «ser menos cuadriculada, exigirme menos e, incluso, ser algo auto indulgente y tener cualquier excusa para no hacer nada. O para meterme en la cama a descansar, que soy muy dormilona. Yo encuentro la paz durmiendo». Por el contrario, se altera cuando se enfrenta a una realidad que se impone en nuestros días: «La falta de sentido crítico me saca de juicio. A mí me gusta debatir, aprender y cambiar de opinión si me demuestran que me equivoco. No creo que sea una muestra de debilidad sino de honestidad intelectual. Ojalá los demás hicieran lo mismo en lugar de ser 'hooligans' de un pensamiento muchas veces basado en noticias falsas o desconocimiento». Si tuviera que dejarlo todo y empezar una nueva vida, Nuría sería diplomática: «Me encanta la mediación, conocer otras culturas, ayudar a resolver problemas y conflictos internacionales como los que estamos viviendo. Falta gente con voluntad de hacer el bien, pero eso la sociedad en la que vivimos es cada vez más egoísta. Quiero que el mundo sea un lugar más feliz en el que nos duela ver gente durmiendo en la calle o guerras en las que mueren niños». El emoji que más usa: «El corazón rojo. Lo uso siempre para despedirme». Se haría un 'selfi' con: «Robbie Williams. Me encanta». Un momento 'Tierra, trágame': «Confundí a Mayka Navarro con Gloria Serra y se dio cuenta. Todavía me lo recuerda cuando me la encuentro». Un sacrificio por la fama: «Ninguno. No persigo la fama, pero entiendo que es consecuencia de mi exposición. Además, vivo en un barrio en el que todos me conocen y estoy tranquila. Lo malo de mi trabajo es quedarme sin vacaciones o tener que volverme dejando a mi chico solo». Un lugar para perderse: «En cualquier isla de las Canarias». Algo que no puede faltar en su día a día: «El té verde, a todas horas. A veces, también matcha, Y mi rutina de cosmética. Me gusta cuidarme, también porque soy víctima de la presión que sufrimos con respecto a la belleza». Un propósito que nunca cumple: «Hacerme 'youtuber'. Suelo ser cumplidora con mis propósitos, pero éste se me resiste». Su primer beso: «¡Fatal! Todavía recuerdo su olor de su aliento a aceitunas rellenas de anchoa». Tiene miedo a: «Al dolor. A sufrirlo y a provocarlo. Y no solo en el plano físico, el emocional también.» Dentro de diez años se ve: «Más sabia, contribuyendo a ayudar a quienes quieran aprender a comunicar. Tengo espíritu de mami. Tal vez acabe en la docencia, enseñando en alguna escuela o máster». La pequeña Nuria: «Según mi madre, era muy buena, obediente y habladora. Pero me aburría fácilmente, así que me tenían que entretener. Tenía un mundo interior en el que me perdía imaginando cosas. Y me gustaba mucho la naturaleza, estaba conectada a ella, y le añadía un componente mágico porque me inventaba fantasías. Como vivía en un pueblo pequeño, muchas veces me quedaba jugando sola en mi habitación. Tenía un diario para escribir todo lo que pensaba, En el colegio era una empollona, y en verano me leía los libros del curso siguiente. A veces se burlaban de mí por eso. Tenía mis amigas, pero era un grupo reducido. No he sido muy sociable, prefiero estar recogida para hablar tranquilamente».