La pastilla roja

Me cuentan una historia de lo más curiosa que ha ocurrido estos días en las aulas de un instituto mallorquín. Hay un estudiante de los primeros cursos de la ESO que está todo el día hablando de política, tal vez imbuido por los algoritmos de las redes sociales a las que aún no tiene permiso acceder. El zagal está todo el día metiéndose con las niñas porque «sois demasiado feministas» y repite como un mantra los dictados del adorado Vito Zoppellari Quiles. Digo yo que por qué no hablará de los Pokemon o de la liga de fútbol. Llega a un punto que, tal y como ocurre con el amigo Zopellari, se hace cansino y los muchachos y las muchachas intentan huir de él. En clase tiene la fantástica idea de hablar de los males de la inmigración. «Es que han venido a robarnos y a cobrar pagas». Todo esto ante la mirada asombrada de la profesora, que, curiosamente, es hija de un inmigrante y una peninsular. El zagal insiste: «Es que los inmigrantes han venido a robar». Y luego suelta la perla de Pedro Sánchez y la fruta. Lo curioso es que su mejor amigo de clase es colombiano, que tiene que escucharle cada día rezongar contra los que han venido de fuera. El zagal que hace proselitismo de Zoppellari, que curiosamente es hijo de un argentino, es hijo de inmigrantes peninsulares. Y ha visto como su amigo colombiano al final se ha cansado de que se meta con él y con sus padres, que trabajan en la hostelería. El discípulo de Vito, además, le ha pedido para salir a una chica de otra clase con unos preciosos ojos negros: su padre es emigrante y le ha dicho que no. El zagal no entiende a qué viene que todos le huyan por cansino. Igual algún día toma la pastilla roja y despierta.