Se llamaba Alfredo y en el mes de mayo de 1991 viajó a Palma con un solo objetivo: provocar el pánico por venganza. Un transformista que acababa de salir de prisión en Teruel, durante un permiso penitenciario, causó dos pavorosos incendios en el hospital de la Cruz Roja y en el Hotel Bellver, del Paseo Marítimo. Esta es la crónica de una locura que acabó con un heroinómano convertido en el delincuente más buscado del momento.