Hubo un tiempo en el que el periodo prolongado de bajos tipos de interés sembró de liquidez el mercado y permitió que España sumase más de una decena de startups con una valoración superior a 1.000 millones de euros, la cifra soñada para alzarse con el título de unicornio. Pero hoy ese frenesí ha dejado paso a la prudencia. El grifo de la financiación se ha cerrado y los inversores han primado la rentabilidad sobre el crecimiento desenfrenado, lo que ha provocado que la permanencia y entrada en este selecto club se haya vuelto más complicada. En nuestro país las empresas con esta categoría se cuentan con los dedos de una mano. Las clasificaciones de CB Insights y Crunchbase, dos... Ver Más