Entre la tristeza y el desconcierto, la esperanza

Reviso las noticias acumuladas desde hace quince días, y me siento desconcertado por esta nueva guerra del mandamás norteamericano, pero también entristecido por la muerte de un periodista admirable, nada menos que Fernando Ónega. Sin olvidar las declaraciones de Gisèle Pelicot, que se resumen en esta frase acerada y absolutamente valiente: «Quiero ver al señor Pelicot y preguntarle por qué me ha hecho esto». Esta señora merece un homenaje público en cualquier lugar del planeta donde se produzcan reivindicaciones feministas. O, sin más, en torno a los derechos humanos. Vaya que sí.