Sería un error echar tierra sobre este turbio partido de Osasuna, resolverlo en cuatro líneas, tirando de clichés negativos ya sacados a colación otras veces, hacer un punto y aparte. En todo caso, alguna vez tendría que ser el entrenador quien expusiera públicamente qué es lo que ha fallado en su planteamiento más que dejar colgadas en el aire respuestas breves y en ocasiones abstractas. Una tarea a la que también deberían encomendarse los futbolistas, cada vez más protegidos por el gabinete de comunicación o sorteando quién da la cara después de un mal trabajo.