Hay partidos que se equivocan alguna vez. Y hay partidos que parecen tener una sorprendente habilidad para situarse siempre en el lado equivocado de la historia. El Partido Popular pertenece claramente a esta segunda categoría. Basta repasar los grandes conflictos internacionales de las últimas décadas para ver un patrón evidente: cuando hay guerras o tensiones graves, el PP tiende a alinearse automáticamente con los más belicistas. La opinión de la ciudadanía y el derecho internacional para ellos quedan en segundo plano. La diferencia con la política que ha defendido Pedro Sánchez es radical. Mientras el PP se pliega a Trump, a Netanyahu y a las agendas de guerra, Sánchez ha situado a España en el lado de la coherencia internacional. Defiende la diplomacia, el derecho internacional y la prudencia cuando el mundo se enfrenta a conflictos. Esa diferencia explica por qué España ha ganado respeto y liderazgo global, mientras la derecha sigue atrapada en sus viejos errores. Para entender esta dinámica hay que regresar a 2003, a la famosa foto de las Azores. José María Aznar aparecía junto a George W. Bush y Tony Blair anunciando la invasión de Irak. Fue una decisión ilegal y basada en falsedades, como la supuesta existencia de armas de destrucción masiva, que nunca aparecieron. España se alineó sin condiciones con Washington y participó en un conflicto que desestabilizó Oriente Próximo y provocó cientos de miles de muertes. Esa decisión tuvo consecuencias directas en nuestro país. El 11M de 2004 mostró cómo la guerra que apoyó el PP se tradujo en tragedia interna: 193 muertos y miles de familias marcadas para siempre. Aún hoy, el PP no ha pedido perdón ni ha reconocido institucionalmente su responsabilidad. Por eso, cuando llega un nuevo conflicto, su reflejo es casi siempre el mismo: empujar a España hacia la guerra. La historia se repite ahora en Oriente Próximo. La tensión en Gaza y la política de Netanyahu ante los palestinos muestran de nuevo el posicionamiento histórico del PP con la derecha internacional más agresiva. Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez ha apostado por reconocer el Estado de Palestina, reclamar el respeto al derecho internacional y liderar diplomáticamente en Europa, el PP se ha limitado a criticar la iniciativa. Feijóo y su partido han mostrado una posición de plegamiento automático a Netanyahu, ignorando la dimensión humanitaria y el consenso internacional que defiende la solución de dos Estados. Este patrón no es solo histórico: es repetitivo. Cuando el mundo enfrenta conflictos que podrían derivar en guerra, el PP se coloca del lado de la fuerza y del alineamiento con los aliados más agresivos, sin evaluar el riesgo ni escuchar a la ciudadanía. Hoy el foco está en Irán. La tensión con Estados Unidos e Israel ha elevado el riesgo de un conflicto de gran escala. España podría verse arrastrada a una guerra internacional si algunos gobiernos occidentales deciden seguir la escalada militar impulsada por Washington y el gobierno de Netanyahu. Aquí es donde se nota con claridad la incoherencia histórica del...