Ponemos a prueba a Zenith: un pulso táctico vistoso y exigente

La ciencia ficción en juegos de mesa suele apoyarse en una estética fría, oscura o abiertamente militar. Zenith, en cambio, toma otro camino. Su universo galáctico —donde la convivencia entre humanos, robots y animods pende de un hilo mientras las tres facciones luchan por el control del Zenithium, una energía renovable vital para la civilización— se presenta con una paleta de colores vibrante y un acabado visual muy reconocible gracias al trabajo de Xavier Gueniffey Durin, conocido como Naïade. Una decisión artística que no solo le da personalidad, sino que además lo vuelve más accesible para jugadores que normalmente no se sienten demasiado atraídos por esta temática. Pero Zenith no vive solo de su arte. Bajo ese envoltorio llamativo hay un duelo de control e influencia mucho más tenso de lo que podría parecer a simple vista. Es un juego de presión constante, de leer el momento exacto para apretar y de asumir que cualquier ventaja puede durar muy poco. Esta reseña está basada en partidas al modo para dos jugadores con una copia cedida por Zacatrus, editorial responsable de su edición en España. No hemos probado el modo por equipos (2 vs. 2), así que la valoración se centra únicamente en el cara a cara, que es donde el diseño transmite mejores sensaciones. Lo que sí podemos adelantar es que lo colocamos con acierto en el top de los mejores juegos de mesa de 2025. Un apartado visual que abre puertas Uno de los grandes aciertos de Zenith está en su dirección artística. El estilo de Naïade rompe con la frialdad habitual del género y hace que el tablero resulte mucho más amable de leer. En un juego donde hay que vigilar varios frentes a la vez, esa claridad cromática ayuda enormemente a localizar planetas, zonas de conflicto y focos de interés sin que la mesa se convierta en una masa visual confusa. A eso se suma una producción física que deja muy buenas sensaciones. Los discos de influencia fabricados en tecnología RE-Wood (madera reciclada) tienen presencia y buen tacto, y lo mismo ocurre con los marcadores de tecnología, las fichas de Zenithium y el resto de componentes. No da la impresión de estar ante un producto funcional sin más, sino ante uno cuidado para que manipularlo también forme parte del placer de juego. Su principal peaje aparece en la iconografía. No porque esté mal resuelta —los paneles de ayuda incluidos son amplios y bastante claros—, sino porque es abundante y porque durante las primeras partidas obliga a una lectura constante. En un juego de dos, el entreturno se alarga porque no solo hay que preparar la propia jugada: también es necesario seguir de cerca los movimientos del rival y reconstruir la estrategia desde cero si este deshace tus avances. Hay símbolos que apenas entran en juego en una primera sesión, y eso hace que buena parte de la información no se asiente de inmediato. El resultado es evidente: los 30 minutos que promete la caja se convirtieron, en...